Leyes migratorias... a cumplirlas
A dónde van los dólares. El comercio cada vez que da cambio, entrega las monedas de un dólar o denominadas “Martinelli”. En principio empecé a recogerlas, compré una alcancía para depositarlas, pero comprendí que “una gaviota no hace verano”. Mientras, todos los días observo los centros de envío de dinero abarrotados de extranjeros sacando los dólares que a mí me reemplazan por monedas.
Y esta es, precisamente, una de las consecuencias de la presencia de extranjeros en el país, lo que está provocando la fuga de divisas. Por otra parte, su permanencia en el territorio, más allá del periodo que se les concede en calidad de turistas, tiende a alimentar la idea de que se trata de mano de obra calificada que se requiere en el país. Me resisto a creer este planteamiento. Con los avances que registra mi Panamá, el país de las oportunidades, y que lo ubica entre los mejores del área, aunado a la demostración que le hemos dado al mundo al manejar con éxito el Canal, estos comentarios inoportunos, a mi juicio, se emiten con propósitos ocultos que en nada favorecen a los nacionales.
No se trata de xenofobia, ni los estamos denigrando, pero es que en ocasiones se siente como cuando un extraño llega a tu casa, le abres la puerta de tu hogar, lo tratas con amabilidad, eres solidario, pero al tiempo este se excede de los días que te pidió alojamiento y rompe las pautas acordadas.
Precisamente, en la frontera se encuentra una población de inmigrantes tratando de regresar al país. Se les ha detectado anomalías, dejando en evidencia que están actuando al margen de las leyes nacionales. Hechos que plantean a las autoridades que se deben fijar política migratoria que anticipen y corrijan los abusos generados, de manera que se controle la reglamentación hacia los turistas.
Y no es que todos tengan este perfil, hay quienes cumplen con las reglamentaciones panameñas; pero qué se espera del que entra ilegal, todo lo que realice será ilegal. Mantener este estatus implica que sus patrones hasta abusen de sus servicios.
Hay que reconocer que Panamá ha sido buen anfitrión, sin embargo, ante el ingreso constante de extranjeros, se ve en la necesidad de poner orden y detener irregularidades que a todas luces tienden a afectar a los nacionales.