Opinión - 31/10/16 - 12:00 AM

Liderazgo

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El pretender deducir consecuencias penales del interés que pudiera tener en su momento el presidente Ricardo Martinelli en la construcción del centro de convenciones de Amador demuestra la pobreza de los argumentos pseudojurídicos del Ministerio Público y sus acólitos, que ahora buscan enlodar al exmandatario en la trama fantástica que han inventado para encarcelar a Riccardo Francolini, gerente de NEXtv.

El presidente de la República, como jefe del Órgano Ejecutivo y con la diligencia de un buen padre de familia, debe estar interesado en todo proyecto u obra de interés público, el centro de convenciones no podía ser la excepción, toda vez que lo que se buscaba con su pronta construcción era potenciar la oferta turística panameña.

Es aquí donde se separa al Estadista, así con mayúscula, del mero administrador de la cosa pública, en imprimir a su gestión una dinámica transformadora en beneficio de la sociedad panameña.

Las grandes obras civiles construidas durante la gestión de Martinelli son imposible imaginarlas bajo la actual gestión, toda vez que esta carece del dinamismo y liderazgo necesario para impulsar las obras.

El pueblo panameño es testigo de que Martinelli personalmente -casco sobre la testa- inspeccionaba las obras y urgía a los ingenieros y capataces a terminarlas lo antes posible.

Tal conducta es inimaginable en un gobernante que no tiene roce popular, que empieza su día a las 10:00 a.m. y lo termina a las 4:00 p.m. como cualquier empleado público.

Un mandatario que no se interese en las obras que ejecuta su gobierno, sencillamente, es un inútil burócrata que ningún favor le hace al pueblo que lo eligió.

Que no venga ahora la procuradora Kenia Porcell a querer darle un giro de ilicitud al hecho de que uno de los investigados haya mencionado el interés del "boss" en que se diera el financiamiento de la Caja de Ahorros (CA) al centro de convenciones. Eso es, precisamente, lo que hace un buen presidente.