Linchamiento
La palabra linchamiento se origina en el apellido Lynch, un esclavista norteamericano que, según decía, aplicaba su propia ley a los esclavos rebeldes, su bárbara ley era el ahorcamiento sumario y sin formulismo.
Modernamente ha venido a ser sinónimo de ejecución legal sin pruebas y sin proceso, así se habla de linchamiento mediático y linchamiento judicial, cuando se da por descontado la sentencia, siendo el proceso un mero formulismo.
Dicho esto, es necesario que el panameño de a pie entienda que detrás de las instituciones se mueven poderes que determinan en última instancia las decisiones gubernamentales, y el gobierno de Juan Carlos Varela no es la excepción.
Son esos poderes –sustentados en su fuerza monetaria- los que permean las decisiones del Ejecutivo, ejemplo de ello es la elección del contralor, donde se quiere imponer a un notorio donante de la campaña varelista, que ahora reclama el cargo.
Esos mismos poderes son los que están detrás de los grandes medios de comunicación audiovisuales, y cuando estos le “ponen la proa” -como decimos en buen panameño- a alguna figura pública, es porque la orden viene de más arriba.
Esos poderes invisibles pero reales han determinado lanzar una sistemática y bien orquestada campaña de desprestigio con exfuncionarios de la anterior gestión, para ello utilizan a sus peones con techos de vidrio dentro de la sociedad civil.
Es por ello, que la actual procuradora debe estar preparada para resistir las presiones que seguramente vendrán de estos poderes y sus secuaces.
Que Ana Belfon debe resistir esas presiones y amagos de linchamientos judiciales y mediáticos, porque eso hablará muy bien de ella en el futuro como funcionaria valiente e independiente.
