Llamarada de capullo
El reciente anuncio del Ministerio Público de que abrirá una investigación de oficio contra el exministro de Desarrollo Social, Guillermo Ferrufino, es la punta del "icerbeg" de una enconada y sostenida campaña de persecución contra una serie de exfuncionarios de la pasada administración.
Sin embargo, para los panameños que no tienen memoria corta, esta ha sido la tónica de todos los gobiernos, recién inician funciones, para ganarse la simpatía de las masas infecundas que se la pasan pidiendo cabezas. Toman un chivo expiatoria aquí, otro allá, pero al final todo se vuelve -como dice el dicho interiorano- "llamarada de capullo".
Ejemplo de estos casos lo vemos en expresidentes, exlegisladores y exgerentes de bancos estatales, que los ponen a subir y bajar escaleras y a la vuelta de los años la causa es sobreseída.
Pero en todos estos ires y venires hay un gran peligro y es por un lado la politización de la administración de justicia, donde fiscales y jueces para quedar bien abren causas y decretan cautelas a diestra y siniestra; sin el más mínimo análisis jurídico, que no sea el de la relamida complacencia con el gerifalte de turno.
Por otro lado, la criminalización y judicialización de la política lo que implica es una pretensión de penalizar legalmente las acciones y opiniones de los entes políticos, a la luz de tipos penales establecidos en nuestro código punitivo.
Si esa es la intención de los voceros pro-oficialista, que sepan que transitan por un camino peligroso, porque hoy son ellos los que juzgan, mañana serán los acusados.
Dejen que los panameños se expresen y hagan política sin miedo a que sean denunciados ante las fiscalías por supuestos delitos que solo existen en la imaginación afiebrada de pichones de dictadores.
