Los mitos, el Che y el paso del tiempo
¿Qué es un mito? La definición clásica indica que se trata de un hecho o personaje legendario, que no pertenece a la historia. Nuestra época tiende
¿Qué es un mito? La definición clásica indica que se trata de un hecho o personaje legendario, que no pertenece a la historia. Nuestra época tiende a aplicar el término con desinteresada facilidad. Un actor o un futbolista retirado pueden ser míticos, también un estadio o una simple confitería.
Según esos parámetros, el Che Guevara fue uno de los mitos -por demás controvertido- del siglo pasado. El interés que suscitó la reciente aparición de una serie de fotografías suyas inéditas, tomadas por un corresponsal de la agencia AFP y que se llevó consigo a España un religioso, no hace más que confirmar ese ambiguo estatus. Sobre todo si se considera la falta de novedad de las imágenes: corresponden a la exhibición que hizo el ejército boliviano del cuerpo del guerrillero tras su ejecución, ocurrida el 9 de octubre de 1967.
Treinta años después de la muerte del Che, en 1997, se comenzaron a buscar sus restos, cuyo destino había sido también un misterio. En una entrevista publicada un par de años antes en The New York Times, un jactancioso militar boliviano (Mario Vargas Salinas) le había sugerido al periodista Jon Lee Anderson que el revolucionario argentino-cubano estaba enterrado a la vera de la pista de aterrizaje militar de la localidad donde se habían tomado aquellas imágenes finales.
El grupo de expertos cubanos y el Equipo Argentino de Antropología Forense, que llevaban adelante la exhumación, se aplicaron con minucia, durante días, sobre los restos óseos de siete personas.
Los estudios comparativos, realizados en un hospital de Santa Cruz de la Sierra, permitirían luego afirmar que ese NN era, en efecto, el Che, algo que años más tarde también confirmarían, para siempre, estudios de ADN.
Ser inmortal para después morir quizá sea una de las condiciones de todo mito contemporáneo. En el caso del Che, aquella, por ejemplo, en que un joven Ernesto Guevara de la Serna se encuentra recostado en el piso de un balcón, mirando hacia arriba como si pensara en lo que vendrá, todavía ignorante de su destino, pero sabedor de que el futuro, más tarde o más temprano, siempre termina por darnos alcance.
