Lucha contra el crimen
Lo primero que debemos recordar es que Panamá decidió, de forma voluntaria, democrática y mayoritaria, a partir de los eventos del 20 de diciembre de 1989, por la eliminación de las Fuerzas Armadas y la estructuración de un servicio de Policía que con el paso del tiempo ha tenido que especializarse para combatir de forma más efectiva fenómenos como el crimen organizado, el pandillerismo y otras tendencias modernas de la criminalidad internacional.
Sobre esta premisa una crítica “a priori” de la creación o reestructuración de los servicios de policía para combatir estos fenómenos sería inadecuada. Si este nuevo componente policial como la Fuerza de Tarea Conjunta Águila tiene como se ha dicho “el propósito de ocupar alguno de los espacios físicos donde la delincuencia es más marcada, de acuerdo con la información que surge de las entidades policiales regulares y los servicios de inteligencia policial que operan en las distintas instituciones de seguridad del Estado; entonces su funcionalidad y operaciones pueden ser útiles en la lucha contra la delincuencia en general.
Si esta organización no tiene como norte el reemplazo de estamento de seguridad alguno y su función es la de contribuir en la lucha estratificada contra la delincuencia local e internacional, que adelanta la Policía Nacional y ser un componente de apoyo a esta, soy del criterio que la misma puede contribuir a impactar positivamente en los niveles de reducción de los estragos que provocan diariamente los grupos criminales.
La labor de prevención que es reservada a la Policía Nacional de Panamá, no puede ni debe dejar de reconocerse como la más importante y prioritaria función de seguridad de nuestras instituciones instauradas para proteger la vida y bienes de nuestros ciudadanos; surgen en determinados momentos y esto incluso es natural en países con niveles de desarrollo y mejor capacidad en materia de seguridad que nosotros, la necesidad de readecuar nuestra estrategia para enfrentar las emergentes tendencias del crimen, recordando que estos grupos del hampa buscan perfeccionarse para precisamente mejorar sus capacidades y así evitar o en algunos casos confrontar a las autoridades de lucha contra el crimen.
Mientras, estas organizaciones funden sus operaciones y sus políticas operativas en los Fundamentos de la Política de Seguridad de nuestro país, en una Estrategia de Seguridad de Estado y en el respeto a los Derechos Humanos, no debemos temer su implementación y debemos contemplarlos como lo que son: herramientas útiles en la lucha coordinada que deben llevar los estamentos de seguridad contra el avance de la delincuencia en general.