Lucha contra la corrupción
Existe una tendencia internacional a la intolerancia hacia los delitos relacionados con corrupción, porque en estas violaciones a la ley pierde toda la sociedad, al privarle de recursos que pueden ser para uso colectivo y que terminan desviados a bolsillos privados.
La corrupción es un cáncer en las entrañas del Estado y debe ser combatida sin miramientos, por ello reclamamos en nombre de toda la sociedad una investigación, profunda, detallada y objetiva, de todas las denuncias.
Pero hay una realidad: justicia selectiva no es justicia, sino impunidad, por eso todos los esfuerzos que se hacen por adecentar la justicia se caen cuando vemos al fiscal auxiliar Marcelino Aguilar tratando de justificar por qué no se le han formulado acusaciones concretas al exalcalde panameñista Bosco Ricardo Vallarino y a Grimaldo Córdoba, exvocero del actual presidente, Juan Carlos Varela.
Estos dos ciudadanos le han facilitado la tarea al Ministerio Público, ya que por su propia boca confesaron haber incurrido en delitos perseguibles de oficio.
La ciudadanía exige que sean procesados, porque de lo contrario queda el sabor de boca de que la justicia es política y solo persigue y encarcela a los que tuvieron relación con el régimen pasado y deja libres a los amiguitos del actual régimen. Así de simple es la cosa.
A la actual procuradora la ciudadanía le pide: ¡Caracterícese, señora! De lo contrario, pasará a la historia patria como un instrumento de persecución política y de favoritismo a allegados al régimen.
La lucha contra la corrupción empieza por casa, por ello no debe haber mácula en la actuación del Ministerio Público y, al no proceder contra dos confesos, su actuación es peligrosamente sospechosa de favoritismo.
