Manuel Amador Guerrero
Continuación del ensayo titulado: MANUEL E. AMADOR – Un espíritu sin fronteras. Por el Dr. Rodrigo Miró “Ello todo sucedió como vamos a relatar: En 1922,
“Los textos transcritos, deliberadamente extensos, nos descubren su personalidad íntima. Contrastan allí la lucidez y precisión del discurso con el contenido místico”.
Continuación del ensayo titulado: MANUEL E. AMADOR – Un espíritu sin fronteras. Por el Dr. Rodrigo Miró
“Ello todo sucedió como vamos a relatar: En 1922, el originador (permítasenos seguir refiriéndonos así a nuestra propia persona), siendo residente en la gran metrópolis americana, después de asistir un par de veces a ciertas suntuosas veladas festivas que venían celebrando mensualmente los esperantistas del barrio bohemio de Greenwich Village como propaganda, de regreso una madrugada de una de ellas, ya preparado para recogerme, tomó de un grupo de libros uno, el cual resultó ser de lectura escolar inglesa, y abriéndolo al azar dio en la página contentiva de la “Oración de Lincoln en Gettysburg”. Leídola que hubo repetidas veces, y emocionado, insertó en su maquinilla un pedazo de papel y, ante su propio asombro, en poco más de media hora había la trasmutado a lo que según toda apariencia no era otra cosa que la base fundamental de esa lengua de lenguas, o interlengua, tema de las especulaciones de los sabios de todo los tiempos.
“Desde ese momento, la fórmula se asió al originador obsesivamente, tornándose en un anhelo por ir hacia adelante, de realizar más y más, como quien cumple una misión espiritual, hasta que, tras contantes lucubraciones, soliloquios y trasmutaciones, todo vino a fruición en 1928 en dos manuscritos, uno para los de habla castellana y otro para los de habla inglesa.
La impresión misma, sin embargo, no vino a realizarse sino ocho años después, en 1936, mediante sacrificios pecuniarios ingentes por parte del originador y su esposa.
De los 2,000 ejemplares de cada uno, editados, solo un poco más de un millar y medio habrá tenido salida, y eso, más como obsequio de cumplimiento.
Por otra parte, en el prólogo de los Fundamentos del Panamane, confiesa: “Con este libro hemos llenado la misión que nos fuera impuesta por el Destino”.
“En el prolongado y tedioso proceso de creación e impresión de esta obra, hemos sido beneficiarios afortunados de salud, de poder intuitivo, de altruismo, valor, fe y perseverancia ilimitadas. También lo fuimos en suma no escasa de aplomo psíquico, por medio del cual pudimos mantener firmemente unida en estrecha cooperación nuestras facultades volitivas, en un medio pródigo en contradictorias reticencias”. “Luego, en el orden de nuestro agradecimiento vienen: las buenas gentes que en gesto de comprensión, simpatía o amistad nos prestaron ayuda moral o económica en los momentos de más angustiosa necesidad; la esposa muy amada, cuya ejemplar abnegación toleró nuestras exacciones hasta el último centavo de sus preciadas economías, y finalmente, nuestros editores que en espíritu de devoción a un propósito altruista se ajustaron a sacrificios y estrecheces de precaria situación. Para todos un puesto de honor hay reservado en este libro, en testimonio de eterno reconocimiento del autor”.
“Y… a los que pasamos revista una a una las páginas de este libro dando crédito escasamente a nuestros propios ojos… y... mirando en retrospectiva lo que significa para nosotros empeños mal comprendidos y peor correspondidos, en esfuerzos de propia superación, en desgaste psíquicos y sacrificios materiales, nos sentimos inclinados al olvido de nuestra pena y a la consagración del esfuerzo y todo lo que representa como exvoto al espíritu conjunto de la paz, la cooperación y la fraternidad, para que los beneficios de estos beatíficos dones se derramen sobre la Humanidad en un acuerdo de entendimiento irrestricto universal.
Los textos transcritos, deliberadamente extensos, nos descubren su personalidad íntima. Contrastan allí la lucidez y precisión del discurso con el contenido místico.
Y nos conmueve la honestidad con que narra sus desengaños y trabajos, la abnegación de la esposa, su inquebrantable vocación ecuménica.
Esas características normaron siempre su conducta y explican su resistencia a doblegarse ante los ritos y costumbres de nuestra democracia primaria, su irreductible decisión de vivir libremente y con dignidad, su apartamiento decoroso y cortés de la feria de nuestras vanidades.
