Manuel y el clan
Después de una charla amena con Manuel sentados en el semáforo del parque Urracá, hizo algunas llamadas y me dijo que me llevaría con el resto de
Después de una charla amena con Manuel sentados en el semáforo del parque Urracá, hizo algunas llamadas y me dijo que me llevaría con el resto de sus amigos, quienes se encontraban en ese momento en el semáforo de Multiplaza, exactamente por la Vía Israel. Allí conocimos al resto del equipo. Al igual que Manuel, todos también son de Guna Yala.
Uno de ellos había estado en México, así que notoriamente se captaba su mezcla en el acento y su especialidad en las clavas, ya que nunca podía estar quieto, siempre estaba jugando con sus clavas de colores.
Cuando salía al semáforo podía iluminar su propio escenario. Gran entusiasmo y muchas ganas de seguir aprendiendo transpiraban por sus poros. Este chico había aprendido el arte de los malabares, gracias a sus amigos mexicanos.
“El taxista”, un hombre honesto y sensible, quien transportaba a todo el clan a cualquier lugar, y aunque él no sabía absolutamente nada acerca de los malabares, se sentía parte de la familia, ya era casi imposible estar sin ellos.
“Serio”, un niño de quince años, que por su baja estatura puede confundir, pero dice haber nacido el 29 de enero de 1999, fecha que enfatiza muy bien. “Serio” afirma que es huérfano de padre y madre, y que vive con un amigo en Curundú.
Antes se dedicaba a la venta informal de calcomanías en los semáforos, pero al ver a estos chicos hacer malabares, le encantó y aprendió viendo. Muchos le han regalado juguetes, pero él los ha perdido.
Consiguió unos tubos de PVC en la calle, y estos los cuida como nunca, y con ellos se presenta en cada cambio de luz.
Sus compañeros afirman que tiene mucha más suerte, ya que le dan más dinero, porque le ven más niño. Y por supuesto, gana más haciendo malabares que vendiendo calcomanías.
También allí estaba un costarricense, especialista en la bola contact, quien se “mimetizaba” muy bien en el grupo. Entre clavas, golos, bolas contact y mucho calor de amigos, la noche cayó sobre el pavimento y comenzó la acción. Aunque amenazaba la lluvia, los chicos aseguraban que era mucho mejor que el agua les acompañara.
El fuego se apoderó de sus actos y cada uno tenía sus propios segundos de gloria, en este peligroso y asombroso arte.
Y es que se podía ver cómo el cielo se iluminaba mientras lanzaban los golos de fuego, y “Serio”, a pesar de ser un novato, se lució un par de veces para mí y el lente de nuestra cámara.
Manuel afirma que muchos trabajos le han salido en la calle, ya que los papás le contratan para las fiestas de sus hijos; en locales nocturnos, teatros y fiestas públicas también podrás encontrarlos. Un lugar fijo donde los encontrará será los domingos en el semáforo de El Dorado, o podrás comunicarte con él a su número móvil: 6113-5791 o escribirle un “mail” a: nunu.deere26@gmail.com.
Mucha gente les confunde con maleantes o drogadictos que piden dinero para sus vicios, pero la verdad es que estos chicos aman lo que hacen, y no les importa si un auto les dio o no dinero en cada cambio de luz, lo que importa para ellos es hacer reír a un niño y llevar alegría en cada movimiento.
Al final de cada acto irradiarán una sonrisa de satisfacción y agradecimiento por la atención.
