Opinión - 03/10/14 - 12:14 AM

Marciano

U no de los ejercicios que ponía a estudiantes de Periodismo hace 30 años tenía que ver con los marcianos (¿?). Los llevaba a la Avenida Balboa

Milciades Ortiz

U no de los ejercicios que ponía a estudiantes de Periodismo hace 30 años tenía que ver con los marcianos (¿?). Los llevaba a la Avenida Balboa por el monumento a Balboa. Mirábamos los “pataconcitos” a orilla del muro y señalaba: “si un marciano llegara a este sitio vería las huellas de la civilización panameña”. Ante las miradas curiosas explicaba: “en esa basura está el nivel de civilización que tienen los panameños de esta época”. Seguía el ejercicio mencionando que usábamos el plástico en diferentes formas, el papel, la madera, el vidrio, latas, etc. Éramos un pueblo de mediano desarrollo, que no reciclaba su basura y contaminaba ríos, playas y bosques. A sus “cualidades” la gente en Panamá suma el ser cochinos.

Pensé en eso el viernes pasado, cuando visitamos el Centro de Artesanías de Panamá Viejo. Tiene tres años de funcionar cerca de la estatua de Morelos y un puente donde desemboca una quebrada y entra el mar (está supercontaminada). Si en ese momento hubiese llegado un marciano vería la horrible contaminación de playas y aguas. Le explicaría que se han gastado centenares de millones de dólares y todavía las playas de la ciudad son basureros y cloacas... Lo llevaría a conocer artesanías y pasaría vergüenza cuando quisiera comprarse un plato de sancocho con arroz blanco. Sencillamente no hay restaurante en ese sitio visitado por muchos extranjeros y nacionales.

Al querer sacar dinero de un cajero automático para comprar artesanías no podría hacerlo porque no hay. Algunos turistas se molestan ya que están acostumbrados a conseguir efectivo en esas cajas. Recorriendo el lugar vería el marciano a unos 50 artesanos, hombres y mujeres trabajando con entusiasmo. Le hablarían que sienten que la Dirección de Artesanías no los atiende lo suficiente, porque ha cambiado unos cinco jefes en pocos años. Se quejarían de que tendrían que promover más el moderno centro. Por estar lejos de las ruinas de Panamá Viejo no siempre los turistas llegan a él. Pero todo no es malo. El marciano saldría contento con la brisa marina, los árboles frondosos, la seguridad, buen estacionamiento. Hasta se comería un delicioso “jobo”, fruta panameña que estamos seguros no hay en su planeta.