Opinión - 25/12/16 - 12:00 AM

Meditaciones para navidad y año nuevo

Por: Julio César Caicedo Mendieta Colaborador -

Varios viejos pensantes de hoy de esos que nos dormimos en la mecedora, gozaremos viendo a los nietos y biznietos dándole vueltas a la silla como pollitos saltones de alegría por los pocos o muchos regalos que dejó Santa Claus, pero en una de esas giras de los pelaos nuestros pensamientos viajarán como ya me ha sucedido, hacia el futuro de esos niños incansables.

Este año no me voy a sentar para que no me repita la pesadilla del año pasado. Dos horas antes del brindis dicen que roncaba con más gusto que un borrachito del terraplén. A ningún familiar le dije lo que había soñado pero a ustedes sí. Dice que estar en Panamá era como vivir en una película en donde los hombres de bien eran víctimas de falsedades, de jueces torcidos y de fallos injustos. Cada día en el país los corruptos eran alabados como buenos y los buenos como perversos. Conocidos jefes de pandillas, de empresas lavadoras de dinero y de renombrados buffetes, hablaban desde balcones y plazas de igualdad social, de repartos de tierras y de un nuevo Panamá capaz de atraer a millones de creyentes desencantados de la política tradicional.

No había sorbido el último poquito de ron ponche del mezquino vasito que me dieron, cuando otra vez quedé en la misma maraña digital de mi terrible sueño y fue que la gente de bien que no servía al narcotráfico en Panamá, tuvo que retroceder a aquella larguísima era, cuando los mamíferos vivían acorralados en los huecos para que las enormes iguanas dentadas no se los comieran.

Muchos se desterraron con sus hijos a Colombia para aprender como sobrevivir con esos merachos implacables.

El peor desencanto de la pesadilla mía fue, que ni los comunistas criollos hablaban ni escribían entonces de soberanía, de respeto a la dignidad, ni mencionaron operaciones manidas como. Ni un paso atrás, machete, ardilla tampoco los otros como si estuvieran huntados del estiércol blanco se atrevían gritar el sonsonete que nos libró de 21 años de la horrorosa dictadura: “El que no salta es sapo”. Pero no fue eterna la dictadura del narco, pues solo pasaron incontables millones de años, para que cayera una piedra del cielo y levantara un espeso polvo negro que cubrió la tierra por siete millones de años para que se murieran asfixiados todos los lagartos del narcotráfico menos los de Panamá, sin embargo solo entonces se vieron los pelitos de los hocicos de leones y caballos que parecían ratones asomandose trémulos a la vida.

Perdonen pero tras que soy malo escribiendo, últimamente estoy leyendo los refritos de Cohelo que es lo peor que ha podido pasar en la vida de lector.