Mentira
Si viviéramos en la sospecha de que somos víctimas de los engaños de quienes nos rodean, la vida en sociedad sería insoportable. Sin embargo, la mentira se
José Jiménez Ruiz
Si viviéramos en la sospecha de que somos víctimas de los engaños de quienes nos rodean, la vida en sociedad sería insoportable. Sin embargo, la mentira se hace presente en la vida pública y en los contextos familiares.
En “Amar sin miedo a malcriar”, sostiene Yolanda González Vara que la capacidad de mentir surge en la infancia y supone un importante avance en el desarrollo del niño. Puede esto parecer sorprendente, pero, según esta autora, no lo es porque semejante destreza pone de relieve la independencia de su estructura mental respecto a la de sus padres. La cuestión sería interpretar correctamente el significado de la mentira en los niños.
Los niños ‘mienten’ para protegerse, para conseguir algo que desean, para evitar un castigo, por lealtad a los propios padres o, piénsese en el caso dramático de quienes han sido víctimas de abusos sexuales, de maltrato físico o psicológico o de explotación de cualquier índole.
Conviene evitar la acusación de mentiroso dirigida a un niño porque se trata de una de las acusaciones más dañinas para su autoestima.
Tampoco culpar a los adolescentes, los más propensos según algunos autores a faltar a la verdad. El adolescente miente para quedar bien, para simular algo que, en realidad, no es, para ocultar a sus padres trasgresiones que consideran reprobables o, sencillamente porque creen que el embuste les prestigia o les facilita la aceptación en el grupo al que desean incorporarse.
Toneladas de comprensión y una educación que, desde el ejemplo, vaya comprometiendo a niños y adolescentes con la honestidad y la veracidad. Nunca el latigazo de “eres un mentiroso” y sí empatía para comprender las “mentirijillas”. Y responsable acompañamiento para que, en la medida en que avanzan en madurez, se vaya haciendo patente su aprecio y su respeto por la verdad.