Mesa
El joven desconocido comentó sobre el endeudamiento de muchos panameños, que lo hacen para mantener un nivel de vida más alto de sus posibilidades. Señaló que hay personas con buenos autos, departamentos, ropa fina y todo lo han conseguido llenándose de deudas que les tomará años cancelar. Le comenté que eso era una característica consumista de la economía capitalista que tiene Panamá. Alegué que ya es difícil encontrar aquí personas que ahorran por meses para comprar algo al contado. Mi mente se fue por el “túnel del tiempo” al comienzo de los años setenta del siglo pasado. Como periodista visitaba la Alemania capitalista. Uno de mis guías quería saber cómo se vivía en Panamá. Era de mi misma edad y todavía estudiaba y vivía en un internado de la Universidad y no tenía familia propia. Indiqué que en mi país los jóvenes desde muy temprano formaban familia, y me dijo que allá ellos pensaban en matrimonio después de los treinta años si tenían un trabajo estable.
Preguntó por las cosas que poseíamos y se asombró de que fueran varias. Aclaré que todo lo debía y lo estaba pagando poco a poco. Asombrado me dijo que cómo yo podía dormir si debía tanto. En Alemania se ahorraba para comprar artículos y no gastar dinero en intereses. Expliqué que nosotros preferíamos disfrutar de un buen nivel de vida aunque tuviéramos que pagar mucho dinero en los préstamos. Estábamos almorzando en un centro comercial y tuvimos que ocupar la misma mesa del joven desconocido. Finalizando la comida comenzó a hablar sobre varios temas. Llamó la atención al decir que ahora los panameños no están sembrando en el campo. Recordó que cuando niño, en plena dictadura militar, su familia sembraba en los patios para poder comer. Mi esposa agregó que en Chiriquí, en esa época, algunas personas buscaban guineos, plátanos y legumbres que se botaban en los campos, y se distribuían en la comunidad para que hubiese algo de comer.
El joven no detenía su charla y se refirió a la demorada limpieza de la bahía de Panamá. Dije que se han gastado unos mil millones de dólares y todavía la bahía está llena de “caca”… Otro tema fue la solicitud del joven de que aumenten las penas a los menores que cometen delitos. Advertí que hay leyes “blandas” que permiten que un chiquillo cometa un grave delito, y a las pocas horas lo sueltan para que siga con sus fechorías. No pudo faltar el tema del calor. Estuvimos de acuerdo que el mismo ser humano es el que está causando el calentamiento global, con la destrucción de árboles. Por eso la ciudad de Panamá es cada día poco amable para los que vivimos aquí. Fue grato hallar a un joven que hablaba con tanta madurez.