Metrobús
La huelga de 12 horas que protagonizaron los operadores del metrobús fue un duro golpe al pueblo panameño que tiene que madrugar todos los días para ir a trabajar. Ni los altos jerarcas públicos ni los propios líderes sindicales utilizan estos buses, ya que ellos se transportan en vehículos refrigerados y con toda comodidad.
Estamos de acuerdo en que los distintos sectores de la sociedad pueden y deben plantear sus reivindicaciones a los gobiernos de turno, pero eso de manera respetuosa, sin perjudicar a terceros y sin pretender aprovechar un compromiso internacional del país para sacar provecho particular.
Sin embargo, esta huelga no se habría dado si el Gobierno desde un principio no exhibe debilidad y blandenguería como la que mostró el Ejecutivo que bajo presión firmó en el patio de la empresa un acuerdo que ahora le exigen que cumpla.
Tampoco se habría dado la huelga, si el flamante ministro de Gobierno fuera más paciente con los trabajadores para escuchar sus puntos de vista sin irritarse ni retirarse, dejándolos con la palabra en la boca.
La culpa también la tiene la propia empresa que ha sido denunciada en múltiples ocasiones por los abusos cometidos en perjuicio de sus trabajadores.
Y como cereza del pastel, los dirigentes sindicales en un acto demagógico también violan el acuerdo que firmaron, ya que es un hecho que no se le puede reconocer prestación alguna si aún la empresa Mi Bus no ha pasado a manos del Estado.
Venir a plantear una huelga en víspera de la VII Cumbre de las Américas es crear las condiciones para que otros se aprovechen del movimiento y lo utilicen con fines desestabilizadores, cosa que nadie quiere.
Lo cierto es que el Gobierno se ha buscado su propio dolor de cabeza al pretender asumir la administración de una empresa de transporte, cuando todo el mundo anticipa un rotundo fracaso en ese proyecto.
