Opinión - 01/2/15 - 12:00 AM

Mi primer sapo grande

Julio César Caicedo Mendieta

Colaborador

Influenciado por el Dr. Eustorgio Méndez me esforcé en conocer la taxonomía de las criaturas que llegaban a mi entorno. Ahora que vivo muy cerca a las reservas de Cerro Marta, Juan Julio y Cerro La Cruz de Coclé, me tocó toparme con uno de los sapos más grandes que haya visto en mi vida. Acá le llaman sapo de cerro a ese anfibio, en Los Llanos de Penonomé le dicen que se trata del sapo neotropical gigante. Este batracio tan ejemplar lo traje a mi casa de Piedras Blancas de La Pintada, engañado, me trabajó por dos años comiéndose alacranes, ciempiés, mosquitos y a toda clase de alimañas que se atraviesen a rondar por el jardín del gallinero, las excretas de Pan de dulce, nombre que le puse desde la primera vez que nos vimos a los ojos, eran más grandes que los mojones de las gallinas, casi como las de Jerónimo, el perro que está a punto de quitarme a mi esposa, ¡ ya duerme en la cama!

Este animal de nuestro trópico comenzó a desencantarme cuando determinó meterse en el bebedero de las gallinas, teniendo él una charca envidiable con agua captada de la montaña, Pan de dulce amanecía entonces en los bebederos que los dejaba más negros que los huevos de un burro, poniendo en peligro la salud de las ponedoras de patio. Nunca le reclamé, no le dije nada que lo afectase, tan solo volteaba con cuidado los recipientes de agua a las 6:00 a.m., los lavaba con jabón, para dejarlos con agua limpia para las gallinas.

El desamor hacia el sapo llegó hasta el borde de mi paciencia cuando se metió con “La negra”, pues la misma Nochebuena del 2014, le salió a mi esposa de debajo de la cama. ¿Como subió ese animal desde el cercado patio de las gallinas hasta debajo del lecho nupcial? No me explico. Se hinchaba amenazante a mi mujer, se levantaba de sus patas traseras y brotaba los ojos. “La negra” gritando: ¡Julio, corre que Pan de dulce se metió en el cuarto!... Será otro, no te preocupes que ya lo saco. Lo atrapé con mi trasmallo y al día siguiente lo llevé hasta las orillas del río Harino. Ya vamos para el segundo mes del 2015 y no ha regresado, señal inequívoca que mi deseo de contar con un sapo grande se esfumaron.