Opinión - 23/11/14 - 10:44 PM

Mientras haces voluntariado

Algunos principios permiten convertir el voluntariado en una fuente de crecimiento personal mientras se busca la justicia social y se colabora con personas en situaciones dramáticas.

J. C. Gª Fajardo

Algunos principios permiten convertir el voluntariado en una fuente de crecimiento personal mientras se busca la justicia social y se colabora con personas en situaciones dramáticas.

El voluntario viene a disfrutar con la ayuda a los demás. Pero el cuidado por el detalle, la excelencia en la calidad son exigencias inexcusables del voluntariado, regido por el principio de la obra bien hecha.

La formación sin servicio puede ser tan estéril como la acción sin la formación adecuada. La improvisación, la rutina, la falta de seriedad y de cumplimiento de los compromisos pueden hacer un daño irreparable.

Si el voluntario no está contento con el proyecto al que está asignado, conviene que hable con los responsables para encontrar la manera de que se sienta más útil en otra actividad. Debe desconfiar de la tentación de cambiar de servicio “para conocer otros campos o para formarse mejor”: los marginados y los beneficiarios de nuestro servicio jamás podrán ser objeto ni instrumento para ningún fin, por excelso que sea, porque ellos son un fin en sí mismos y sujeto de la relación que se establezca.

Ser voluntario tiene que producir beneficios mutuos para todos los que estén involucrados en ello. Si no se puede continuar el compromiso, conviene decírselo al responsable del proyecto, no abandonarlo sin más.

El voluntario social no tiene que hacer gastos extraordinarios, pero sí ayudar a cubrirlos.

Aunque suene a tópico, cuando uno se entrega a los demás recibe mucho más de lo que ofrece. Porque es cierto que “hay más alegría en dar que en recibir”. Ser voluntario constituye una valiosa y divertida experiencia.