Migración extranjera
Panamá ha sido una tierra fértil que históricamente ha recibido con los brazos abiertos al elemento extranjero que viene a establecerse o va de paso por el Istmo, por lo que el problema de la inmigración debe de ser analizado con suma cautela para no caer en posturas xenófobas o chauvinistas que no le hacen bien a nadie.
Es necesario recordar que distinguidas familias istmeñas son descendientes de españoles, italianos, estadounidenses, hebreos y franceses que en el siglo XIX y XX se establecieron en Panamá, buscando nuevos horizontes para el progreso material.
Con la construcción del Canal de Panamá, llega una ola de trabajadores inmigrantes polacos, españoles, antillanos, asiáticos, cubanos y árabes, muchos de los cuales echaron raíces que ya van por una quinta generación.
Empero, en la actualidad, la migración está tomando un cariz de problema social, en la medida en que extranjeros se han visto involucrados en actos delictivos que ponen en duda la conveniencia de seguir abriendo los brazos a nacionalidades foráneas.
Lo que consideramos es un error es que paguen justos por pecadores. A Panamá han emigrado empresarios e inversionistas de todas las latitudes que se han establecido y creado economías prósperas que han dado trabajo a los locales; así como gente humilde y trabajadora. Eso está bien.
Lo que hay que jugar vivo -y eso le corresponde a las autoridades- es con los elementos indeseables que vienen a delinquir o a constituir un problema social.
La Constitución y las leyes tienen normativas claras que protegen al nacional frente al extranjero, y las mismas están vigentes, desde el ejercicio del comercio al por menor hasta el de ciertas profesiones liberales existe un privilegio en su ejercicio a favor del nacional.
En ese sentido, consideramos que la consigna nacionalista debe ser: bienvenido al extranjero que quiere echar raíces entre nosotros y coadyuvar con el trabajo honrado para el beneficio del país, los que vienen pensando en aprovecharse de los panameños no son bienvenidos, así de sencillo.
Lo que no podemos es ser intolerantes y perseguidores, ya que estas actitudes e ideas en el pasado propiciaron un baño de sangre, nada más recordemos el holocausto judío o el exterminio de grupos humanos en los Balcanes y África.
