Opinión - 31/10/14 - 11:40 PM

Necesitamos ‘ferrys’ en Panamá

Así como los “ferrys” trasladaron personas, vehículos y camiones de un lado a otro del Canal de Panamá hasta 1962, asimismo podríamos volver a una docena

Por: Julio César Caicedo Mendieta

Así como los “ferrys” trasladaron personas, vehículos y camiones de un lado a otro del Canal de Panamá hasta 1962, asimismo podríamos volver a una docena de ellos haciendo paradas en varios puertos: Puerto Caimito, La Casa de Mariscos, Juan Díaz y San Diego. Claro, no serían tan pequeños como los que llevaron los nombres de los presidentes: Washington, Amador y Porras ni tan grandes como los colosos que brindan un excelente servicio desde Vancouver hasta la Isla Victoria en Canadá. Así como tampoco una docena que trabajaría las 24 horas para aliviar los tranques que provoca nuestro parque vehicular de millón y medio de vehículos (y que crece en 3,000 autos por mes), para una red vial tan pequeña y costosa. Yo apuesto mi devaluada jubilación a que esta ocurrencia aliviaría en un 90% los problemas de tranques en esta ciudad chorizo con limitadas vías, que sirve no solo a nuestros automotores, sino a miles de vehículos de las masas continentales de Centro y Norteamérica.

Trasladar una recua apretujada de vacas en un camión desde Chepo, hasta el matarife de Los Santos, es un crimen vergonzoso, salvo porque el ganado tiene la garantía de mear y cagar con libertad. Hablar de los beneficios económicos obvios de esta ocurrencia no es mi objetivo, así como tampoco el empleo para los panameños que estudian naval, menos la eliminación de los bosques primarios que hay desde Panamá hasta La Chorrera, ni del laberinto estresante que se forma al viajar en auto u ómnibus desde la terminal de Albrook hasta Tocumen y viceversa.

Ahora, como aquí en este hermoso paraíso vamos a continuar, como lo dijo Guillermo Andreve en uno de sus prominentes discursos de los años de 1920, con un país paternal, sin establecer una rigurosa cordura en el manejo de los caudales públicos, sin castigar el derroche de los fondos nacionales y añado yo, con políticos de rastrojo proponiendo “agüevazones”, mejor me voy otra vez a Canadá a reírme con el engaño que nos hizo Hollywood: Que los autos volarían en el 2015 y que se acabarían de una vez por todas los tranques.