Opinión - 17/10/14 - 11:35 PM

Negociaciones

Redacción

En medio de la soberbia con que la canciller de Colombia María Ángela Holguín Cuéllar ha venido refiriéndose a la crisis con Panamá por la inclusión de nuestro país en la famosa “lista colombiana” de paraíso fiscal, contrasta y es refrescante oír la voz sensata del ex presidente de esa nación Álvaro Uribe.

El ex presidente Uribe habló alto y claro al referirse al diferendo con Colombia y afirmó: “así no se ofende a una democracia amiga”, bien por Uribe, porque a través de la voz del ex mandatario habla una representativa corriente y fuerza política que no comparte la línea del actual mandatario Juan Manuel Santos, con relación a Panamá.

El Uribismo tiene un peso específico en la sociedad colombiana, congresistas y senadores, así como la gente sencilla de la calle, ven en Álvaro Uribe, el hombre que sacó al país de la postración moral y económica en que estaba sumergido.

Uribe, fue el hombre que le dio un plantón en la cara a la narcoguerrilla y que no cedió un ápice ante el chantaje y las imposiciones de los alzados.

El apoyo de Uribe a Panamá, es una lección a los soberbios y extremistas que vienen a negociar a la vieja usanza: con un garrote en la mano.

Ante la crisis que pasa la política colombiana, es previsible, que sus gobernantes busquen levantar una bandera para distraer a la opinión pública de sus verdaderos problemas, pero la voz sensata de Uribe, sabemos que con mesura se impondrá, porque como bien lo ha entendido el ex mandatario: somos “una democracia amiga” y no merecemos como amigos que somos del noble pueblo de Colombia, el trato que nos dispensa su gobierno.

Colombia no debe olvidar que Panamá también puede responder el golpe que nos lanza: cobrar a sus barcos que transitan por el Canal, cobrar sobretasa a las empresas públicas colombianas que operan en Panamá y a las remesas que se remiten a esa nación y hasta visas para los colombianos. ¡Acá no somos mancos ni Departamento de Colombia!