Negocio maligno
Rómulo Emiliani
Monseñor
Estimado monseñor, tengo un hermano que ahora tiene 24 años. Dejó la universidad, supuestamente porque le ofrecieron un trabajo de agente de bienes raíces que le ocuparía la mayor parte del día. Dijo que después retomaría las clases. Lo cierto es que desaparece por dos o tres semanas. Luego, se queda en casa un tiempo relativamente corto y vuelve a irse. Ya se compró un carro nuevo, viste de las mejores marcas y le compró a mi mamá estufa, lavadora, refrigeradora nueva y remodeló el juego de comedor. Se fue de la casa y se compró un apartamento en una colonia de clase media. Yo vivo en otra ciudad, soy el mayor de los hermanos. Soy dentista y aún estamos alquilando, tengo automóvil de segunda y mis niños están en una escuela bilingüe sencilla. Estoy pagando un préstamo que tomé para tener mi equipo dental. Mi esposa empezó a sospechar de mi hermano por algunas cosas que dijo en una reunión familiar hace tiempo. Empezando a atar cabos, no resultaban en números sus supuestas ventas de casas y terrenos con el tren de vida que lleva. La empresa no la conocemos, sus socios que he conocido y habré visto un par de veces son personas muy sospechosas que andan en número de tres o cuatro. No tienen aspecto de vendedores de bienes raíces, sino de gente ruda.
¿Qué hacemos?
Estimado señor. Su hermano está metido lo más probable en narcotráfico, y no creo simplemente en narcomenudeo. O dirige una red de vendedores de drogas en algún barrio popular, o está metido en el trasiego de drogas a mayor escala ocupando puestos de operación de traslado de estupefacientes. No es de los grandes, pero irá escalando, hasta que un día, lo más probable, aparecerá muerto en cualquier parte. O quizá termine preso, que sería lo menos triste que le pueda pasar. ¿Que termine dirigiendo un cartel? Lo más probable es que no llegue a tanto. Pero en eso sueñan muchos. Es un negocio en extremo peligroso, con grandes estímulos monetarios, ya que el dinero llega rápido y en cantidades fuertes. El dinero adquirido se va muchas veces en comprar propiedades y vivir con lujos, en diversiones donde abunda el licor, la droga y el sexo. La gente se enloquece por esos placeres fáciles, intensos y continuos y cree que nadie los va a detener. Pero los mismos socios se hacen trampas y terminan en guerras entre ellos. Solo hace falta que uno engañe, se quede con mercancía y la venda para su propio provecho, para que vengan los reclamos violentos, terminando muchas veces con la muerte de algunos.
Le pido que hable con su hermano. Que lo encare. Que le haga ver todo lo negativo de esto, las consecuencias funestas que trae este negocio maligno. Que renuncie cuanto antes. Que ya sufrió dos atentados. Que cuando ordenan matar a alguien, no les importa que esa persona esté rodeada de sus seres queridos y matan a todos. Que es un negocio diabólico por las consecuencias tristes en miles de jóvenes.
Dígale que es el momento de acercarse al Señor. Pedir perdón por el mal que ha hecho promoviendo ese negocio. Que al trabajar en eso está ayudando a Satanás a destruir a la humanidad. Que más bien ingrese a la Iglesia y congregándose en una comunidad cristiana ayude a jóvenes en riesgo social o adictos. Y que si él se arrodilla ante Dios, con Él será invencible.
