Opinión - 15/4/15 - 12:00 AM

Nepotismo a tutiplén

Si bien es cierto que la legislación penal patria no contempla el nepotismo como delito, sí constituye una clara falta de probidad y atenta contra la moral institucional. La práctica de nombrar parientes en las instituciones en las que se ocupa un cargo de mando y jurisdicción retrata de cuerpo entero a un gobierno.

En el caso de la administración Varela, todo indica que entre los “atributos” con que su gobierno pasará a la historia está el de haber practicado desmedidamente este vicio burocrático.

Primero el Ministerio de Gobierno, en el que la cuñada fue nombrada en el propio despacho del ministro de turno, luego el IMA con Cárdenas y toda su parentela nombrada.

Ahora se descubren nuevos casos de nepotismo en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y otros en los que los jefazos de turno tienen nombrados a familiares directos.

Sin embargo, la inmoralidad pública más dramática está en el Tribunal Electoral (TE), en el que el magistrado Erasmo Pinilla nombró a parientes de la actual procuradora.

Ahora se supo que Porcell fue abogada de Pinilla y que este la sugirió como procuradora para que le resguardara las espaldas.

Pinilla no es ningún santo, tiene cierta cantidad de parientes directos e indirectos nombrados en el Tribunal Electoral, del que es magistrado.

Pinilla quita inmunidades a políticos opositores acusados de delitos, pero ha sido incapaz de levantarse voluntariamente su propia inmunidad para hacerles frente a denuncias penales.

El nepotismo, la justicia selectiva y lentitud institucional son signos de que al actual gobierno no le interesa el bienestar del país, sino el acomodo de sus fichas burocráticas.