Opinión - 16/4/17 - 12:00 AM

Neutralidad y guerra

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El régimen comunista de Corea del Norte le ha mostrado sus dientes al mundo en el reciente desfile conmemorativo de los 105 años del nacimiento de Kim Il-sung, fundador del gobierno totalitario y abuelo del líder Kim Jong-Un, donde se exhibió el arsenal de misiles extracontinentales con los que pretenden responder a un hipotético ataque de Estados Unidos.

A pesar de que la República Popular China, el aliado más cercano de Corea del Norte, ha mostrado cierta molestia ante los desplantes belicistas de Kim Jong-Un, también han advertido que no tolerará acciones bélicas contra el régimen de Pionyang.

Si a eso le añadimos la crisis en Siria, que mantiene enfrentados a Estados Unidos y Rusia, y a sus respectivos aliados, hay que concluir que la tensión internacional tiende a aumentar, sobre todo con los cantos de sirena de los sectores guerreristas de todos estos países.

A pesar de su lejanía geográfica, Panamá juega un papel geopolítico de primer orden por la existencia de la vía interoceánica, que es estratégica en la navegación entre mares y cuyo dominio o inutilización en tiempos de guerra es fundamental para los contendientes.

Frente a este panorama, Panamá debe fortalecer una diplomacia de paz y diálogo, aunada a una neutralidad activa, que enerve cualquier ataque militar.

Desde siempre se ha sabido que el Canal de Panamá es militarmente indefendible, por lo que se impone una política de neutralidad, que significa dejar el papel de tontos útiles a que nos somete el actual gobierno, haciendo participar al país en pretendidas coaliciones antiterroristas.

Nuestro papel es garantizar la comunicación marítima al margen de todo, por lo que debemos abandonar la membresía a grupos en los que en realidad somos “cucarachas en baile de gallinas”.

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