Opinión - 12/9/16 - 12:00 AM

No cayeron en el jueguito

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La reciente decisión de Policía Internacional (Interpol) de sacar de una lista de personas buscadas a Adolfo De Obarrio, quien fungiera como secretario privado del exgobernante Ricardo Martinelli, es un duro golpe a las pretensiones del Ministerio Público de utilizar a este organismo para la persecución política.

La Interpol, creada como una estructura internacional de cooperación para la persecución del delito, prohíbe, por normas estatutarias, involucrarse en temas de política o ser usada como brazo de persecución política, ya que se estaría desnaturalizando su función de ente represor de la criminalidad.

Pretender utilizar al ente policial para perseguir y capturar al exfuncionario fue una torpe jugada, ya que a la postre se descubrió que había otras intenciones detrás de la solicitud de colocar a De Obarrio en una lista internacional de buscados, al lado de notorios delincuentes.

Razones tendrá el exfuncionario para no presentarse, tomando en cuenta que en el país no impera un ambiente de serenidad jurídica, sino que hay ánimos crispados por el deseo de venganza política que anima a la actual administración contra políticos, opositores y exfuncionarios que acompañaron a Martinelli.

La propia abogada de De Obarrio denunció la ausencia de garantías procesales para su cliente, por lo que para él era más conveniente no regresar a Panamá.

Y si se tiene alguna duda, nada más hay que ver la situación del extitular de Desarrollo Agropecuario (Mida) Oscar Osorio, quien va para 500 días preso. Eso no tiene nombre y ya es una condena, aunque la inefable Kenia Isolda trate de convencer a la opinión pública de que solo se trata de una medida cautelar.

Lo bueno de todo esto es que, así como Interpol no cayó en la trampa de la persecución política, a nivel local se irán cayendo los expedientes amañados desde las alturas del poder y poco a poco se abrirán las pesadas puertas de los ergástulos gubernamentales y los presos políticos podrán reunirse con sus familias.

Paciencia y voluntad de resistencia deben tener los perseguidos, falta poco para que brille nuevamente la democracia en el país.