Opinión - 14/6/15 - 12:00 AM

No todo está acabado

Por: Monseñor Rómulo Emiliani -

Me siento triste porque creo que mi vida se ha acabado ya, monseñor Emiliani. Desde hace dos años estoy postrada en una cama por un terrible accidente que tuve y, aunque los médicos dicen que recobraré poco a poco el movimiento de los brazos, nunca podré volver a caminar. Ya de hecho muevo mis manos, sobre todo el brazo derecho. Pero he perdido toda mi plata en médicos y tratamientos. Era socia en una pequeña empresa de cosméticos con otras tres personas. Vendí mis acciones para poder ir pagando deudas. Ya estoy saliendo de otros dos préstamos gracias a que mi padre me ha ayudado. Soy madre soltera y mi hija está acabando el colegio. Ahorita le estoy dictando esta carta a ella, que por cierto le manda saludos. Me estoy acercando más a mi religión gracias a una hermana que pertenece al neocatecumenado. Antes lloraba mucho, pero ya ahora estoy más tranquila. Sé que tengo una hija y debo velar por ella. Me preocupa el aspecto económico. Tenía una casa de alquiler y ya la vendí para pagar deudas, aunque pude meter algo en el banco y de eso vivo por ahora. Bueno, monseñor, no quiero cansarlo más, pero sepa que escucho su programa de radio y allí me ha dicho usted muchas verdades. Ojalá pronto conteste mi carta. Dios lo bendiga.

Respuesta

Mire, señora, la vida es dura y algunas veces pareciera insoportable la carga. Lo suyo no es fácil: Primero, debe aceptar lo que le ocurrió y que ya es parte de su existencia. No se atormente más con el "si yo hubiera...". Y yo le digo: no todo está acabado, ni mucho menos. Usted tiene una vida por delante y cuenta con una mente lúcida, una fe que está renaciendo e incluso con un cuerpo que puede recobrarse lenta y progresivamente.

Que tal si forma un grupo de oración en su propia casa y desde allí se convierte usted en promotora de espiritualidad para otros. Tiene que instruirse en la fe y practicar la oración intensamente. Debe también cooperar con el restablecimiento de su cuerpo haciendo ejercicios con sus brazos y esforzándose para tener la mayor movilidad posible. Siga lo que dicen los médicos.

Desde esa cama y luego en silla de ruedas, usted siga adelante con sus sueños, ideales, fuerza espiritual y deseos de hacer algo positivo y hará cosas grandes por los demás y por usted misma. Vamos, señora, que la peor postración no es la de estar en una cama, sino la de estar lisiado del alma y sin ganas de vivir y de amar. Usted ahora tiene la oportunidad de "saltar espiritualmente de su invalidez del alma" y convertirse en una promotora de la vida. Le pido que no sienta lástima de usted misma, sino fuerza y coraje para seguir luchando en la vida. Cuente con mis oraciones y sepa que Dios la ama y con Él usted será invencible.