Opinión - 25/2/17 - 12:00 AM

Nuevos líderes en red

Por: Herminio Otero Martínez Periodista -

Leemos y escribimos más que nunca, aunque no sean más que breves mensajes. Y crecen las horas que pasamos en Internet a la vez que las horas que pasamos viendo la televisión.

Leemos menos revistas, periódicos y libros y, cuando leemos, lo hacemos con menos continuidad y profundidad, aunque se lean muchas más páginas web.

Leer tinta impresa transfiere sensaciones imposibles de reproducir (aún) por las pantallas o los libros electrónicos. La digitalización de los libros ofrece cada vez más ventajas, sobre todo de fácil acceso. Sin embargo, hay una diferencia radical entre la lectura tradicional y la digital más allá de los aspectos estéticos o románticos: los hipervínculos nos dispersan y el contenido se modifica con secciones aptas para la búsqueda, vídeos y animaciones… Y estas modificaciones también alteran la manera en que usamos, experimentamos y comprendemos el contenido.

La Red promueve la lectura fragmentada y selectiva: cada vez leemos menos textos completos (y, si lo hacemos, nos saltamos párrafos con más facilidad).

A la vez, sucede un fenómeno curioso: los productos tradicionales están cambiando su aspecto para asemejarse cada vez más a los productos digitales, porque es lo que el lector espera leer. Y el libro, tanto el tradicional como el electrónico, también está transformándose para adaptarse a la tecnología.

El lenguaje se verá alterado, e incluso degradado. El paso de la cultura oral a la cultura escrita modificó la manera de expresarse. Los autores descubrieron a un lector atento y comprometido tanto intelectual como emocionalmente con su texto y exploraron la riqueza del lenguaje, que sólo podía asimilarse a través de la página impresa, hasta que se separó totalmente de la forma de expresarse oralmente.

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