Obama
En la reciente cumbre de presidentes de América, la actuación de Barack Obama demostró el alcance de su política internacional, muy diferente a la de sus antecesores.
Obama demostró su capacidad de mimetizarse, ya que, a pesar de ser el líder de la mayor potencia mundial, no demostró prepotencia, desmantelando el escenario a las críticas de los gobiernos antiimperialistas.
Su encuentro con Raúl Castro fue noticia mundial y, prácticamente, cerró el bloqueo contra Cuba, situación que sobrevivió a la Guerra Fría.
Inclusive, el presidente estadounidense accedió a las peticiones del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, de sostener una conversación, con lo que demostró una postura muy diferente a la que se esperaba.
La visión de Obama lo aleja de la posición de los sectores más radicales de su país.
No obstante, el columnista Carlos Alberto Montaner ha calificado como un “craso error” de parte del líder estadounidense el transformar los enemigos en amigos y de hacer concesiones unilaterales sin esperar nada a cambio ni tratar de cambiar a los gobiernos que adversan al país del norte.
La gran verdad es que las posturas antiimperialistas y anticomunistas se han convertido en absurdas, tras la desaparición de la Unión Soviética, en tanto América tiene muchas metas que cumplir en materia de tecnología, educación, salud y otros aspectos que quedaron en la cita de Panamá.
La interrogante que deja el pensamiento de Obama y su visión del mundo es de qué forma impactará en el proceso electoral de su país, donde las fuerzas conservadoras levantarán su voz e impondrán su línea dura contra las naciones fuera de su eje democrático.
