Obras de las Tinieblas
El mes de diciembre envuelve una especial ternura para muchos de nosotros desde nuestra niñez. El recuerdo de los acontecimientos familiares que se dan en estas fechas, los seres queridos con los que compartimos y que ya no están entre nosotros todo eso evoca sentimientos mezclados de alegría y nostalgia. Sin embargo, también debemos admitir que lamentablemente se ha usado en el pasado como excusa para dar rienda sueltas a comportamientos desenfrenados.
Es un contrasentido que la razón de que diciembre revista una importancia especial para nosotros sean las fiesta religiosas que vivimos y que se convierta en excusa para vivir como paganos. La palabra de Dios nos invita a vivir este hermoso mes con esta advertencia: como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne. Más bien revístanse del Señor Jesucristo, y no se dejen arrastrar por la carne para satisfacer sus deseos. Romanos 13, 13s.
Hoy modernamente le llamamos consumismo al deseo desenfrenado por obtener y consumir bienes materiales. De alguna manera consciente o inconscientemente hemos identificado, con esa mala práctica, las festividades de fin de año. Al iniciar este tiempo meditemos si queremos seguir los dictados del mundo y seguir con el consumismo y los excesos en la comida, en la bebida, en la lujuria y libertinaje, o vamos abandonar las obras de las tinieblas y revestirnos de nuestro Señor Jesucristo.
