Paciencia
Panamá continúa creciendo y eso permite la movilidad social que produce empleo para los jóvenes de los barrios populares que viven una realidad social diferente.
Nos quejamos de lo mal que trabajan nuestros coterráneos, pero esto es una equivocación porque no se puede exigir urbanidad y valores a quienes no los conocen.
La educación pública no prepara al estudiante para vivir y convivir en sociedad que debe ser el principal objetivo y por eso eél juegavivo se impone.
La economía panameña es “como el corcho en una botella de vino”, decía el recordado Rubén Darío Carles, nunca se hunde.
Veamos negocios como los lavaautos donde los nacionales no llegan a trabajar si hay un partido de fútbol. Un extranjero no falta porque vive y envía dólares a su familia y se gana la propina.
Se pueden mencionar otras actividades, por ejemplo, la atención en los restaurantes, donde el de afuera se gana su reconocimiento por su atención.
Durante la construcción de las bases militares de Estados Unidos nos llenamos de nicas, ticos, ecuatorianos, peruanos y griegos, entre otros, que fundaron aquí sus familias.
Los afrodescendientes, cuyos antepasados construyeron la vía interoceánica, fueron los obreros de la ampliación canalera y seguro que en el futuro, quienes defiendan la democracia en el país serán los hijos de los descendientes del cruce con venezolanos.
“Panamá para los panameños”, es ridículo, díganme dónde hay un panameño puro.