Pan y circo
El concepto romano de Pan y Circo se originó durante la época del emperador Nerón, en la que se divertía a las multitudes en el coliseo con las luchas entre gladiadores, y para mantenerlas en sus puestos se les arrojaba pan desde la arena, para que comieran mientras se divertían.
En Panamá, estamos asistiendo a un espectáculo similar, solo que es Circo sin Pan, en la que a las multitudes sedientas de morbo se les ofrece el espectáculo de un hombre demacrado, esposado y conducido a una sede policial.
Las masas se levantan de su asiento y gritan “¡hurra!”, una y otra vez, con el estómago vacío porque fracasó el control de precios, con el desaliento de la larga espera en las paradas porque no hay transporte público eficiente, ignorantes de que los cuasi eternos poderes fácticos ya le van a meter mano al programa de Vejez, Invalidez y Muerte del Seguro Social, so pretexto de que está en crisis.
En las últimas 48 horas, los noticieros de los medios audiovisuales se los han dedicado a cuatro personas; Afú, Guardia, Ferrufino y Martinelli, en una suerte de linchamiento mediático, como hace 200 años se hacía en el lejano oeste norteamericano, donde ahorcar a un hombre era todo un espectáculo público.
Lo hemos dicho hasta la saciedad, que se investiguen las denuncias de corrupción y si resultan culpables que les caiga todo el peso de la ley a los involucrados.
Pero hay una realidad: por un lado el circo que se ha montado para desviar la atención de los panameños sobre problemas más graves y por otro lado, ¿puede haber imparcialidad y objetividad de los fiscales ante este clima de linchamiento público? Definitivamente que no.
¿No era suficiente la detención de Rafael Guardia? Si el exfuncionario se llevó los millones que se aduce que tomó del Programa de Ayuda Nacional sin duda que debe ser procesado, pero no es de humanos ni de cristianos gozar con la desgracia del semejante.
Que mediten, los que mueven los hilos del poder, porque los verdugos de hoy serán las víctimas de mañana, y después no se quejen.
