Pavo y jamón
Llegó diciembre, el último mes del año, en el que los panameños desde temprano planean las compras para Día de la Madre, Navidad, Año Nuevo y desempolvan los viejos arbolitos artificiales o se aprestan a comprar un arbolito canadiense de fragante olor a pino.
En fin, es un mes en el que los panameños están pendientes del pago del décimo tercer mes para gastárselo en el regalo de Día de la Madre y los otros gastos propios de esta época.
La gran diferencia es que, por primera vez en cinco años, unos 200,000 empleados públicos no tendrán gratis los tradicionales jamón y pavo de Navidad y Año Nuevo.
Es así porque con la política de “contención del gasto público” estos productos se consideran superfluos, así que el funcionariado pobre tendrá que rascar hasta el último real de la quincena para poner para el jamoncito.
Algunos, que no saben lo que es la necesidad, calificaron de “populismo” la política de la gestión anterior de regalar bolsas navideñas a sus funcionarios, ahora, la actual gestión ha dicho a los servidores públicos que quieren pavo y jamón que los compren. ¿Cómo debemos llamar a esta política?, ¿mezquindad?
Es sabido que se pagan lujosos gastos a altos funcionarios, que se echa mano a la publicidad estatal, a pesar de que se dijo que no se haría, que se aumentó la partida discrecional del presidente de la República, ¿entonces, por qué privar al humilde funcionario de su jamón navideño?
Estamos seguros de que el pueblo panameño prefiere mil veces el “populismo” a la mezquindad y la falta de sensibilidad humana encubierta por una falsa contención de gasto, que ahorra por un lado, pero desembolsa el doble por el otro.
Durante cinco años, el tema del pavo y jamón no fue problema para el funcionario, porque estaba garantizado por el gobierno de Ricardo Martinelli, esto es un buen populismo, que sabemos que nadie con dos dedos de frente se atrevería a rechazar, excepto, claro está, “el partido de los saciados”, en el que milita la cúpula gobernante.
