Opinión - 03/5/17 - 12:00 AM

Pentecostés

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

A propósito de la fiesta de Pentecostés, pretendo escribir este artículo sobre el tema del Espíritu Santo. El apóstol san Pablo declara: “Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios”. 1Corintios 2, 11. El mismo Espíritu que habló por los profetas es el que nos revela al Cristo, la Palabra hecha carne, el Verbo de Dios, la imagen visible del Dios invisible. Su misión es hacer oír la Palabra del Padre, Él no habla de sí mismo, sino que revela al Verbo, por eso le conocemos en su misión de revelar al Verbo de Dios.

Por eso algunos le llaman el gran desconocido por su acción tan discreta. Ante esta acción tan sutil Jesús nos dice que el mundo no lo conoce ni lo puede recibir y esto se debe a que la llave para entrar en el conocimiento de la vida en el Espíritu es la fe en Jesucristo. Por lo tanto, el Espíritu Santo nos convoca a la fe en Jesucristo y la fe en Jesucristo nos lleva a profundizar en el conocimiento del Espíritu.

Nadie puede decir Jesús es el Señor, sino bajo la guía o la inspiración del Espíritu Santo. Por lo tanto una comunión más plena y profunda con el Espíritu Santo nos lleva a configurar nuestras vidas con Jesús. Si queremos conocer un fruto indiscutible de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas es que nuestra inteligencia y voluntad están unidas a Cristo.

Por lo tanto, el Espíritu Santo es nuestro compañero de camino guiándonos y dándonos las mociones necesarias para vivir según la voluntad de Dios. Pidamos frecuentemente al Espíritu Santo su guía y asistencia para realizar nuestros trabajos diarios para poder realizarlos con sabiduría y santidad.

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