Opinión - 04/1/16 - 12:00 AM

Perder

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

La sociedad panameña empezó a perder la vergüenza de ciertas situaciones y acciones al disminuir los valores sociales y humanos. Tal vez la causa fue que al aumentar la población, también se elevó el número de compatriotas que no se ajustaban a las reglas de honestidad vigentes por años. Una forma de disimular las fallas era aceptándolas. De allí surgió el “juegavivo”, donde exaltan a los bellacos. A lo mejor hay algo de machismo en esto, a pesar de que también la situación implicó a las mujeres. Se perdió la vergüenza de pagar a tiempo las deudas aunque se tenga dinero. Consecuencia han sido los millones de balboas que deben familias al servicio de agua, luz y basura. No es extraño que corten el agua a una casa donde deben cantidad de meses, pero sus residentes tienen plata para lujos… En esto de las deudas se debe anotar el surgimiento del llamado “dinero de plástico”. Miles de panameños están “hasta las zapatillas” en deudas de sus tarjetas de crédito. Dar un “tarjetazo” y comprar algo no importante para pagarlo quién sabe cuándo causa admiración en algunos. Hace sesenta años eran una vergüenza los embarazos en niñas y adolescentes. Hoy se han convertido en una “gracia” que muestra que la chiquilla es de “alante-alante” y está “en algo”. Muchas de ellas son populares en sus escuelas… Añada que el varón perdió el valor de la responsabilidad. Campesinos me dijeron hace años que “ellos mantenían todos los hijos que tuvieran”. Ahora han cambiado los valores. Resalta el “varón” que embaraza y no paga un centavo de pensión. Agregue la desaparición del culto a la virginidad. Supongo que la aceptación de que la mujer es “igual al hombre en sus derechos sociales” permitió que ellas tuvieran experiencia sexual antes del matrimonio… igualito que los varones. En el siglo pasado, daba pena si nos mantenían luego de la secundaria. Hoy hay decenas de miles de bellacos ninis que no trabajan ni estudian. Viven arrimados a sus familiares y no les importa. La violencia doméstica era algo muy vergonzoso, que se mantenía en privado. Ahora en la TV aparecen víctimas contando sus tristezas… Hacen de esto algo común. Después nos quejamos de cómo anda nuestra sociedad.