Opinión - 06/1/16 - 12:00 AM

Poco

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Cuando iba a terminar el año escolar, mi madre, la maestra Italia, se llenaba de nervios. Su preocupación era que todos sus estudiantes de primer grado pasaran el curso. Para eso debían leer bien, de corrido, sin can-ca-neos. Repasaba las listas para detectar elementos que podrían quedarse. Si era necesario, iría a sus casas en Río Abajo para "reforzar" a los chiquillos. Evitaría que fallaran ante el inspector del Ministerio de Educación que los examinaría. Esto sucedía a finales de los años cuarenta del siglo pasado. Un fracaso a veces significaba perder todo el año. Se molestaban los padres porque habían hecho gastos para que sus hijos fueran a la escuela. En esa época, en el interior del país, autoridades de Educación buscaban de casa en casa a niños que no fueran a la escuela para obligarlos a educarse. Ante las quejas por dejar a un niño de primer grado por no saber leer, se inventó que "en segundo grado mejoraría la lectura". Así comenzó a relajarse poco a poco la educación panameña. Aunque no lo crean, de diez de mis alumnos de Periodismo de la Universidad, dos o tres serán los que sepan leer bien. Claro, no fueron alumnos de mi mamá... Luego de pasar a los estudiantes mediocres al segundo grado, el relajo educativo aumentó. No se debía dejar a estudiantes de sexto grado para no impedirles terminar la educación básica y obligatoria. En la secundaria, la situación también se fue deteriorando. Recuerdo en los años cincuenta del siglo pasado que era un honor ser buen estudiante en el Instituto Nacional. Se luchaba por eximirse en la mayor cantidad de materias. Al pasar los años, los jóvenes entraban en otras actividades y los estudios quedaban en segundo lugar. Entonces inventaron los cursos para fracasados. En menos de un mes recuperaban la materia donde fallaron todo un año. Al comienzo era una vergüenza ir a esos cursos. Al aumentar la cantidad, se hicieron "moda". Algunos alumnos "planificaban" sus fracasos. "Para qué voy a matarme estudiando esa materia si en verano la paso suave", dicen. En otros países (entre ellos EE.UU.) se dan facilidades para que el joven termine el bachillerato como sea... ¡y se enfrente a la vida! En Panamá ya existen escuelas y colegios que permiten que alumnos flojos "pasen raspando" y consigan su diploma... De esos fracasos no le echen la culpa solo a los educadores...