Populismo varelista
La fortaleza de las instituciones democráticas descansan en una clara definición de las reglas que definen la relación entre gobernantes y gobernados, en la que el propósito es que todos los actores sociales tengan igualdad de oportunidades en la elaboración y posterior beneficio de las políticas públicas.
Por ello resulta absurdo y peligroso, por decir lo menos, el reciente anuncio hecho por el presidente de la República, Juan Carlos Varela, de darles beneficios “gratis” a sectores humildes del país, porque “ahora empieza aparecer la plata por todos lados; sacrificando a otros sectores igualmente importantes, como la clase media profesional, pequeños y mediados empresarios, trabajadores del campo y la ciudad.
Los dichos de Varela demuestran la desesperación de un mandatario que ha perdido toda credibilidad, que carece de una base social de apoyo, y que ahora trata de atraerse la simpatía de los más pobres, traficando con la miseria e ignorancia de las masas como lo hacen los regímenes totalitarios.
En ciencia política, se denomina populismo aquella postura del poder encaminada a satisfacer las necesidades inmediata de sectores sociales desposeídos, sin tener planes estratégicos para sacarlos de la pobreza, sacrificando su futuro, con el fin de perpetuarse en el poder.
Las medidas populistas, como decía el Dr. Carlos Iván Zuñiga, son un “dar sin dar”, porque engañan a la gente prometiéndole cosas, apelando a sentimientos mezquinos e inmediatistas que la postre no les resuelven nada, porque siguen siendo pobres.
El populismo como política de Estado va unido irremediablemente a la demagogia, que no es más que promesas engañosas, para ganar simpatías.
Varela, irresponsablemente, demuestra que no tiene talante de estadista, ya que habla de regalar dinero sabiendo que eso no se puede porque ese dinero no es suyo.
El mandatario juega con candela, porque cuando las masas se dan cuenta que han sido engañadas, se rebelan con fuerza, creando conmociones sociales de efectos inimaginables.