Opinión - 15/2/17 - 12:00 AM

Primera batalla

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

Alguna vez hemos escuchado la frase: “ni con el pensamiento…” para designar que alguna cosa ni siquiera nos ha pasado por la mente.

Jesús nos instruye que esa es la actitud que debemos tener frente al pecado, a tal punto que nos dice que cuando consentimos pecados en nuestro interior pecamos ante Dios.

Recordemos lo que hemos leído en el Evangelio acerca de cómo se engendran nuestros pecados. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona. Marcos 7, 21ss Al igual que Lucas 6, 45. Así, el hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón, mientras que el malo, de su fondo malo saca cosas malas. La boca habla de lo que está lleno el corazón.

Por lo que podemos apreciar nuestra primera batalla contra el pecado no se libra evitando la acción como muchos suponen, sino purificando el corazón, verificando nuestros pensamientos, estimulando los buenos y combatiendo los malos.

No se trata de luchar primero por no hacer lo malo para después luchar con los malos pensamientos, sino que debemos luchar y batallar contra el pecado desde su incubación en nuestro corazón.

Por ello, pensemos dónde está centrado nuestro corazón, hacia dónde tienden… Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. Lucas 12, 34. De esta forma aspiramos a ser lo que el Señor llama limpio de corazón. Porque la limpieza no consiste en no tener ningún pensamiento impuro, sino en no consentirlo. Por ello no deben escandalizarnos las tentaciones a las que nos vemos sometidos, sino a consentirlas.

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