Procesos ‘chimbos’
"Diga que Ricardo Martinelli le dio plata y así todo acaba", le habrían dicho al exdirector de la Dirección General de Ingresos (DGI) Luis Cucalón como una manera de presionarlo, según una denuncia pública hecha por su hijo Gustavo.
Si tal afirmación es cierta, lo cual no tenemos razones para dudar que así sea, confirmaría lo que ya es un secreto a voces: que fiscales del Ministerio Público, siguiendo consignas políticas, usan la promesa de dádivas procesales, la amenaza y la intimidación para tratar de vincular al expresidente en casos de corrupción.
Tan es así que lo que buscaban con la aprobación de la llamada ley de “delación premiada” era dar vida a una cohorte de “sapos”, que para salvarse, embarren a todo mundo en una red de mentiras, ficciones y medias verdades.
Esta forma de conducir las investigaciones es peligrosa porque se basa en el bochinche procaz para introducir fantasías en el proceso penal.
La conducta recuerda los tristemente célebres Procesos de Moscú, en la década de los años 30, cuando el dictador soviético Iosif Stalin fabricó pruebas y confesiones para inculpar falsamente a antiguos colaboradores y mandarlos a la horca o al Gulag siberiano.
El proceso penal liberal y democrático no puede basarse en promesas o amenazas para obtener pruebas y confesiones, esto es un delito penado por la ley, e incurren en ello los funcionarios de instrucción que deliberadamente utilicen estos métodos dictatoriales. ¡Ojo, Kenia Porcell!