Protección Civil
La presencia del huracán Otto en las costas del atlántico panameño se hizo sentir con fuerza, como no había pasado en años, en cuanto a condiciones climáticas adversas.
Pero “Otto” también puso al descubierto otra situación: que en materia de protección civil, Panamá aún no ha encontrado la luz que le permita hacer frente, de manera efectiva, a estas contingencias naturales que siempre, absolutamente siempre, cobran su cuota de vidas.
El fenómeno natural dejó claro que el país carece de una conducción político-administrativa enérgica y proactiva, y que la falta de previsión, que es la moneda corriente en la gestión administrativa, también alcanza al importante sector de la protección civil.
No se vio a los titulares de Educación (Meduca) ni de Desarrollo Social (Mides), como parte del comité de crisis.
Países como México y Costa Rica, para mencionar solo dos en América Latina, pueden dar lecciones a Panamá en materia de protección civil.
Empero, no queremos demeritar el esfuerzo y heroísmo de nuestros rescatistas, que por vocación y un reducido jornal trabajan con limitadísimos recursos, por no decir con las uñas, en sus tareas de salvar vidas.
Vayan para la labor –rayanos en el sacrificio- de estos valientes hombres y mujeres, nuestros parabienes y respeto.
Es necesario que se fortalezca y diversifiquen las funciones de la protección civil como sucede en otros países, no es posible que mientras a otros estamentos se les dota de insumos, armamentos y logística, la protección civil en Panamá sea la cenicienta de la seguridad pública.
El presidente de la República, en vez de andar gastando la plata del pueblo en costosos viajes que no resuelven nada o de pagar altos salarios a ministros inútiles, debiera invertir fondos en fortalecer el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), para convertirla en una institución de permanente presencia en nuestra sociedad y no que solo se active cuando hay una tragedia natural.
