Qué hacer cuando no hacen caso
Tomado: espanol.babycenter.com
Pides a tu hijo que guarde sus autos de juguete porque es hora de cenar, pero sigue jugando como si no le hubieras dicho nada o te responde, “bueno”; pero sigue jugando. ¿Por qué no te hace caso?
A medida que se vuelven más independientes, a los niños se les da mejor no escuchar lo que no quieren oír. Las prioridades de tu hijo, además, son diferentes de las tuyas. No comprende tu preocupación por la seguridad ni tiene ningún deseo de hacer las cosas con rapidez. Así que procura no molestarte si te ignora de vez en cuando. Claro que, en un momento dado, tu hijo tiene que escucharte y prepararse para cenar. La clave es conseguir que coopere, al tiempo que le permites practicar su recién estrenada independencia.
Qué hacer cuando no te hace caso
Sé clara y práctica
Asegúrate de que tus peticiones son específicas y razonables. Decirle “asea tu habitación” es demasiado vago y está por encima de la capacidad de tu hijo. “Pon tus zapatos en el armario, por favor” está más a su nivel y, en lugar de decirle “prepárate para cenar”, pídele que se lave las manos y acuda a la mesa. Tanto tú como tu pequeño se beneficiarán de dedicar tiempo a aprender una nueva tarea. En lugar de decir: “Ayuda a papá a recoger la mesa”, por ejemplo, enséñale cómo limpiar los platos con una espátula y ponerlos juntos en la pila.
Motiva a tu hijo
Procura recordar que la idea es que haga lo correcto porque él quiere, no por temor. Los niños de esta edad quieren agradar a los demás, de modo que elogiarlo y darle ánimos le ayudará a que haga lo que le pides.
Di sí en lugar de no cuando puedas, y aprovecha cualquier oportunidad para animarlo en lugar de disuadirlo. Si está emocionado porque quiere aprender a patinar, por ejemplo, respóndele diciendo: “¡claro que puedes probarlo!” o “papá te ayudará”, lo cual es mucho más positivo que decir: “no, eres demasiado pequeño para eso”.
Procura ser comprensiva
Imagina que estás leyendo una novela o charlando con una amiga cuando, de pronto, alguien te dice que tienes que dejar de hacer lo que estás haciendo inmediatamente porque tienes que hacer otra cosa. La realidad es que no siempre tenemos tiempo para persuadir con zalamería a nuestros hijos de que se suban al auto o se laven las manos. Pero cuando te sea posible, avísale con tiempo antes de apresurarlo para que realice la próxima actividad: nos vamos en unos cuantos minutos, así que procura terminar tu juego”. Si tu hijo en edad preescolar es como la mayoría, no le encantará la idea de tener que guardar sus autos de juguete o su libro para colorear, pero al menos le habrás avisado con tiempo de que tiene que prepararse para un cambio.
Si te preocupa que tu hijo de corta edad parezca ignorarte más que escucharte, habla con su médico. Este puede recomendar hacer una prueba de audición o cualquier otra evaluación sobre su desarrollo.
||1429765200|importacion|042315-CRI-ENCU-1 14|Me gusta correr riesgos |Opinion|||| ||Helena y su esposo, Manuel, comenzaron felices su luna de miel. Se fueron a la costa de su país, Portugal. Para Helena, todo era el cumplimiento de una ilusión, la feliz conclusión de todo lo que deseaba. En medio de tal felicidad, Helena y Manuel entraron al mar a bucear.
Helena vio pasar un buque, y nadó debajo del agua hasta casi rozar el casco. Manuel le indicó por señas que se apartara del buque, pero la frase de ella siempre había sido: «Me gusta correr riesgos». Acto seguido, Helena se hundió bajo la quilla del barco y nunca la hallaron. Tenía 25 años de edad.
Su noviazgo con Manuel había sido a la carrera. Y su explicación simplemente era: «Me gusta correr riesgos». Se casó a los dos meses de haber conocido a Manuel. Al defender su impetuosidad, solo decía: «Me gusta correr riesgos». Así llevaba Helena su vida. Todo para ella era riesgos. Tarde o temprano tenía que ocurrirle alguna tragedia.
Es inevitable correr riesgos en esta vida. Algunos hasta sirven para el desarrollo del carácter y de la fe. Nunca arriesgar nada es nunca lograr nada. Pero hay una gran diferencia entre un riesgo y otro. Hay riesgos sanos, así como los hay inútiles. La vida sabia y saludable no está compuesta de azares, de accidentes, de pálpitos y de riesgos. A la vida sabia la rigen la inteligencia, la cordura y la sensatez.
Al mundo mismo lo gobiernan leyes lógicas, sabias y prudentes. Dios, Creador supremo, lo hizo todo con inteligencia, y lo supeditó a ciertas leyes. Desde las partículas atómicas más diminutas hasta el gran cosmos universal que no tiene límite, todo está gobernado por leyes definidas.
De igual forma, Dios no diseñó la vida nuestra para que cada día corramos riesgos. Virtudes morales, como la justicia y la integridad, mezcladas con cualidades mentales, como el entendimiento y la razón, deben ser las que nos guíen a través de esta vida. Y si a la sabiduría y a la moralidad añadimos virtudes espirituales, eso garantiza nuestra supervivencia.
Tal vez la mayor de estas sea la fe. Cuando ejercitamos la fe —fe en el Señor Jesucristo, fe que nos une a nuestro Creador y nos hace actuar de acuerdo con sus leyes divinas—, nos produce protección, satisfacción y sosiego. No vivamos como esclavos a los riesgos. Sometámonos más bien a la voluntad de Dios. Con Él no hay riesgos, sino seguridad. Entreguémonos al señorío de Cristo.
||1429765200|importacion|042315-CRI-PABLO
