Opinión - 25/12/16 - 12:00 AM

¿Qué me ha enseñado Él?

Por: Rómulo Emilliani Monseñor -

Yo sigo al Jesús que nació en Belén, quien me ha enseñado cómo vivir: amando a Dios con todo el corazón y con toda mi alma y al prójimo como a mí mismo; que todos son mis hermanos y hermanas y miembros de una gran familia en la que somos iguales en dignidad. Me ha enseñado el valor del desprendimiento y el vivir sin apegos y a tener abierto el corazón a Dios. Me ha revelado que hay un Padre misericordioso y que yo soy su hijo amado aun con mis pecados. Me ha dicho que Él es el Buen Pastor y yo, oveja de su rebaño, y que Él siempre estará pendiente de mí y me buscará y me encontrará si por desgracia me alejo de Él.

Me ha enseñado a poner la otra mejilla y dar el manto si me piden la túnica y caminar una milla más de la pedida llevando la carga. Jesús me ha enseñado que Él tiene todo el poder para liberarme de las cadenas de las tinieblas y que hay dos caminos: el amplio que lleva a la perdición y el estrecho que conduce a la salvación. Que servir al prójimo como el buen samaritano, sin importar a quien ayudo, me da la bendición de Dios. Que hay que perdonar setenta veces siete y que hay que ser pobre de espíritu, manso de corazón, sufrir por amor, ser misericordioso y estar sediento de justicia, ser pacífico, limpio de corazón y aguantar la persecución por Él.

Me ha enseñado a no desear lo malo y no ser vengativo. Que tengo que vigilar, porque no solo se peca actuando, sino deseando. Pone en igual condición de gravedad el deseo intenso del corazón, como el acto. Me ha dicho que no debo juzgar para no ser juzgado y a quitarme primero yo la viga que tengo en el ojo para luego quitar la motita que está en el ojo de mi hermano. Me ha dicho que debo estar en paz con todos en lo que de mí dependa. Me ha enseñado a amar a mis enemigos, a orar por los que me persiguen y a dar a Dios lo que es de Dios y al césar lo que es del césar. Me ha enseñado a tener compasión por los que sufren y darme yo y lo que tenga por ellos. A no vivir instalado y a estar siempre de camino. A creer que para Dios nada es imposible. A vivir intensamente el día de hoy y a no preocuparme por el mañana, dejándoselo a Dios. A saber que la oración en el silencio y lugar retirado es importante. A no preocuparme por nada porque hasta los cabellos de mi cabeza están contados, mientras busque el Reino de Dios y su Justicia.

Me ha enseñado que hay que llevar el mensaje del Reino a todas partes; que la itinerancia y la fraternidad (vida y trabajo en comunidad) son parte de la vida de un evangelizador. Jesús me ha enseñado que no debo bajar mi cabeza, tener miedo ni rendir culto a ningún poder de este mundo ni hacer alianza con ellos. Él me ha dicho que el mal se presenta de muchas maneras: siendo fariseo e hipócrita, imponiendo cargas a los demás y no llevar ninguna yo, en querer ocupar los primeros puestos y en no cargar la cruz que me ha dado. Me ha dicho que tengo que renunciar a todo, “vender los bienes” y seguirlo.

Me ha enseñado a ver más allá de las apariencias, como cuando hizo ver a los discípulos que la viejita que echó en la canasta del templo “todo lo que tenía para vivir ese día” quedó justificada, y no el otro que echó de lo que le sobraba y recibió la paga con el reconocimiento de los demás. Me ha insistido en que no sepa mi mano izquierda lo que hace la derecha. Quiere que me haga como niño para recibir el reino. Que siempre tenga a Dios primero que el “templo y la ley” y que esta es para el ser humano. Me ha enseñado a ir muriendo a todo y ponerme en las manos del Padre.

Me ha dicho que si quiero ser el primero, debo ser el último; y si quiero ser el más importante, debo ser el esclavo de todos. Me ha invitado a participar del banquete de bodas, pero me ha exigido que entre limpio a esa fiesta. Quiere que sea bueno como las palomas, pero astuto como las serpientes. Quiere que amontone riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni los ladrones entran a robar. Me ha mandado a ser perfecto como nuestro Padre del cielo es perfecto. Y me ha dicho que si creo en Él, seré invencible, amén.