RAC
Estas tres letras identifican a Ricardo Arias Calderón, a quien hoy se le rinden honores ciudadanos por su partida. No puedo colocarme dentro de su círculo de seguidores o amigo cercano, pero sí de respetuoso y respetable amigo y caballero a quien traté en la lucha civilista y a través de los años, reconociéndole valor, claridad de pensamiento y estrategia, organización, contactos internacionales de alto nivel y fuerte convicción en lo que hacía sin miramientos respecto del enorme riesgo que conllevaba para él y su familia o en su vida política. El era el Partido Demócrata Cristiano en Panamá, con todo lo que ello implicaba.
Viví en primera fila esos años. Fui testigo de muchos hechos históricos, entre ellos, su lucha tenaz y hasta temeraria a veces contra el régimen militar y el alto grado de organización y estrategia que imprimía a la conducción del movimiento civilista. A pesar de los riesgos y de los exilios sometidos, luchaba y regresaba al país y aquí estuvo hasta el último día. Igualmente, viví de cerca la jugada política que, rompiendo pactos previos, se hizo para escamotear su aspiración presidencial y entablar en ese momento una cruenta negociación para componer la nómina de la Ado-Civilista, sabiendo que en esa etapa las elecciones eran un medio de lucha más y no un fin para lograr el poder, como la historia lo demostró. Era el candidato lógico a la presidencia, luego de fallecido el Dr. Arnulfo Arias, pero no querido por fuerzas políticas que también salieron con olor a naftalina del armario cerrado en 1968. Ricardo estaba claro en que solo unidos podíamos hacer esa dura lucha electoral, no por el poder, sino como escenario de lucha por la democracia.
Guillermo Endara fue el candidato. Como dije, negociaciones de alto tono jugaron de lado y lado. Me tocó presidir algunas negociaciones junto a otros compañeros de la Cruzada Civilista en el hotel Ejecutivo, así como la reunión que en Santa Mónica organizó mi buen amigo Gilberto Arias Guardia para desmontar a Endara, ofrecer, como se hizo por unanimidad de todos los partidos, la candidatura a doña Mireya, quien la declinó por más de doce horas continuas de reunión. En ese momento, se sumaron los partidos Republicano, Pala, Liberales del Dr. Esquivel, que venían de formar parte del derrocado gobierno de la Unade. Pero el núcleo que decidía era el grupo civilista y en esto no había discusión (conservo esas notas de la reunión).
Curiosamente, Ricardo, a través de la IDC, se decía, contaba con recursos para financiar su campaña. El entonces canciller Kohl, de Alemania, su amigo, lideraba esa internacional política siendo canciller de Alemania. En las cruentas negociaciones, Willy Cochez, José A. Sosa, Cecilia Alegre, Iván Romero, Carlos Arellano Lennox, Raúl Ossa, lo representaban. Nunca en toda esta lucha salió a relucir el tema económico. Nos dijeron sus negociadores, a pregunta nuestra, que Ricardo instruyó que eso no jugara un papel, cosa que hubiera puesto fin a los escarceos, desde mi óptica. Hasta “Chinchorro” Carles salió al ruedo y con cierto beneplácito de doña Mireya, quien hasta dijo que "si el Dr. Arias viviera, Carles sería su candidato". Igual lo apoyaban Gilberto y su grupo. (Reunión en casa de Pierre Leignadier, finales de enero de 1989).
Ricardo declinó en favor de Endara en un gesto único e histórico que lo catapultó como alguien superior en política. Luego entró Billy Ford y el 3 de febrero de ese año cruento iniciamos la campaña política más peligrosa contra el régimen militar y que culminó en la invasión en diciembre de ese año.
Cuando esa declinación sucedió, nos acercamos a su casa en Altos del Golf Fernando Boyd Galindo, Alberto Boyd y yo a testimoniarle nuestro respeto por lo que había hecho en una reunión en la que la serenidad y la reflexión del duro momento eran el norte que teníamos que enfrentar. Lo demás es historia conocida. Siempre creí que Ricardo entendía que luego de esa decisión, se le alejaba para siempre la presidencia de la República, como también el destino implacablemente lo decidió.
Al leer su biografía, ratifiqué mi criterio: Ricardo era un político para otra época y quizás para otro país. Paz a su alma y que su espíritu guíe a Panamá por mejores senderos.