Opinión - 10/4/15 - 12:00 AM

¡Radiografía de la Cumbre!

Por: Redacción / Para Crítica -

Las Cumbres de las Américas son un mecanismo de política internacional de los Gobiernos de Estados Unidos frente a la necesidad de controlar económica, política y diplomáticamente a la América Latina, ante la poca credibilidad y deterioro de la OEA. Bill Clinton organizó la primera cumbre en Miami en 1994 y así sucesivamente hemos llegado en abril a la VII cumbre, en Panamá.

El resultado de estas cumbres ha sido muy limitado. La relación de desigualdad entre América Latina y los Estados Unidos sigue siendo desfavorable. La balanza de pago es favorable a los Estados Unidos.

Estados Unidos, en esta primera mitad del siglo XXI, ha ido perdiendo influencia política y económica en América Latina. En estos últimos 15 años se ha empeñado en Oriente Medio, empantanándose en acciones militares y diplomáticas que no le han dado resultados positivos, todo lo que puede exhibir es la destrucción de los bienes materiales y millones de víctimas y, lo que es peor, ha creado el odio de millones de seres humanos que hoy viven un infierno y una catástrofe humanitaria que tendrá consecuencias impredecibles.

Estados Unidos ha fracasado en su relación con la América Latina, donde ha surgido un escenario diferente, nuevos Gobiernos con una visión de independencia nacional. Hay un rechazo al neoliberalismo como política económica a favor de las grandes transnacionales y estos países han promulgado una política de recuperación de sus recursos naturales a favor de sus pueblos.

Los gobiernos de Hugo Chávez y Maduro en Venezuela; de Evo Morales en Bolivia; de Néstor y Cristina Kirchner en Argentina; de Lula y Rousseff en Brasil; Correa en Ecuador; con los gobiernos progresistas de Mujica y Tabaré en Uruguay, más la posición de Cuba, que ha resistido más de 50 años de bloqueo, son la expresión de que en América Latina hay una posición de confrontación contra la política imperialista de los Estados Unidos.

América Latina, en esta mitad siglo XXI, ha creado sus propios instrumentos políticos, diplomáticos y económicos para luchar por los intereses que le son comunes, como la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe para el Desarrollo y la Integración), sin la presencia de los Estados Unidos. Del Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, impulsado por Simón Bolívar hace 200 años, la integración de América Latina se ha quedado rezagada y son necesarias estas nueva iniciativas que son las artífices de su propio desarrollo.

La VII Cumbre de las Américas en Panamá estará signada por una América Latina dividida en dos tendencias claramente marcadas. La de los Estados Unidos y sus pocos aliados, y la de América Latina y el Caribe que propugnan por una relación basada en la igualad económica e independencia en un clima de paz.

La desconfianza de América Latina hacia Estados Unidos está determinada por una política de doble rasero. Por un lado, EE.UU. propicia una agenda sobre los problemas como la migración, la seguridad, protección al medioambiente, integración económica y contra el terrorismo, pero por otro lado, fortalece su presencia militar en el continente.

Recientemente, Estados Unidos ha venido reforzando su presencia militar en la América Latina. En Perú, acaba de firmar un tratado para establecer bases militares con un contingente de tres mil hombres y alta tecnología militar. En Colombia, apoyado en el Plan Colombia, ha establecido bases militares. Ha reforzado el componente en hombres y armas en la base militar de Palmerola, Honduras, para ejecutar acciones militares rápidas. En Puerto Rico, se ha constituido una estrategia de apoyo logístico para el Comando Sur. Y en el caso de Panamá, basado en el tratado Salas-Becker, se le han concesionado 12 sitios de observación militar en el país.

Este reforzamiento de la política militar va aparejado con el reforzamiento de los regímenes represivos y crea duda sobre la política hacia el continente, que puede implicar el retorno de los golpes militares y el militarismo como instrumento contra las crisis políticas.

La VII Cumbre de las Américas en Panamá, si bien es cierto que implica un escenario válido para discutir los problemas del área, tampoco representa una panacea frente a un escenario mundial de confrontación militar y el retorno de la guerra fría.

Los objetivos estratégicos de los Estados Unidos, como potencia imperial, y los de América Latina son totalmente distintos, contradictorios. EE.UU. pretende acortar el camino perdido de abandono con América Latina, eso es lo que está sucediendo con relación a Cuba en el reconocimiento del fracaso de su bloqueo económico. Pretende retomar su presencia en América Latina frente al impulso de China, India y Rusia, que se han constituido en grades inversores para América Latina. China ha sobrepasado en estos últimos años a los Estados Unidos en sus inversiones en Suramérica.

En el desarrollo de la VII cumbre, por la propia evolución de los acontecimientos, distintas posiciones se van a manifestar en el debate, particularmente las tirantes relaciones con Venezuela, donde el Gobierno de Washington acusa al de Caracas de ser un peligro para su “seguridad nacional”. La administración de Maduro, apoyada por varios Gobiernos de Suramérica, presentará la solicitud de la eliminación de estas acusaciones, avalada por más de 10 millones de firmas de ciudadanos de la América Latina.

El otro tema será la independencia de Puerto Rico. La Celac aprobó una resolución para luchar por su independencia, que será uno de los temas. Nicaragua incorporará un delegado de Puerto Rico a la cumbre.

En este contexto, la VII cumbre presagia ser movida y puede calentarse en el debate, que es el escenario donde América Latina puede dejar oír su voz frente al imperio.