Opinión - 15/4/17 - 12:00 AM

Refugiados: calvario eterno

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La crisis global de los refugiados no es nada nuevo. La Biblia menciona que la Sagrada Familia huyó de Israel cuando el nefasto Rey Herodes ordenó la masacre de los Santos Inocentes. José fue advertido en sueños que venía la matanza. Por ello, llevó a María y al Niño Jesús hacia Egipto, en donde vivieron como refugiados, fuera de la Tierra Santa. Hoy en día, esta triste historia se repite en gran magnitud.

Desde hace 3,500 años, la práctica de dar asilo a los desplazados se ha vuelto una imperiosa necesidad; una política humanitaria que la mayoría de las naciones aplican para permitir la sobrevivencia de los afectados. La guerra y la persecución política son los dos factores que obligan a la gente a huir de sus hogares. Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), se estima en 65.3 millones los refugiados en el mundo, cifra que aumenta cada año.

Panamá sufre los efectos de la ola migratoria procedente del África, el Caribe y Sudamérica. Nuestras fronteras se han visto desbordadas con miles de desplazados que vienen de Cuba y Venezuela, los cuales escapan de sus países por la tensa situación político social. Paso Canoas, La Miel, Lajas Blancas y Metetí se llenaron de inmigrantes, que prácticamente son refugiados. Gente que jamás regresará a su patria, porque se sienten amenazados por lo que ocurre en esas naciones.

Da lástima observar cómo centenares de cubanos fueron obligados por el Gobierno panameño a trasladarse a la frontera con Costa Rica, tras convertirse virtualmente en una carga para el Estado. Hasta Cáritas, entidad vinculada con la Iglesia católica, se vio presionada por el presidente de turno para que dejara de atender a los caribeños. ¿Raro, no? Puesto que hace dos años vendió al Istmo como tierra abierta para todos.

Por otro lado, el tema de Venezuela ya es de preocupar. La represión del régimen izquierdista de Nicolás Maduro ha provocado que más de cinco millones de personas huyan de la tierra de Simón Bolívar. La Cadena Deutsche Welle (DW) confirmó que Colombia ha recibido la gran mayoría de ellos, es decir, 1.2 millones. Con razón, la gran marejada de refugiados se moviliza hacia Centroamérica.

En el caso de Panamá, unos 300 mil venezolanos habrían llegado al Istmo. Algunos expertos creen que los números pueden aumentar, si en Caracas estalla una guerra civil o el Gobierno chavista extrema sus medidas para evitar la pérdida del poder.

La encrucijada de quienes salen de su país para buscar una vida mejor, merece nuestra atención. Solidaridad y respaldo para ellos. Recuerden que también muchos panameños salieron del Istmo, escapando de la persecución política en la Dictadura militar.

Seamos recíprocos, considerando siempre nuestras capacidades disponibles. Los refugiados son seres humanos, no extraterrestres. Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigas y amigos...

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