Opinión - 18/3/15 - 12:00 AM

Roger

Por: Milcíades Ortiz / Catedrático -

Se llama Roger y solamente llegó hasta segundo grado de primaria. Hace un trabajo manual donde ensucia su cuerpo. Tiene que “pilar” hasta los domingos para tener más dinero de manera honrada. Me dice que los hechos de corrupción del momento se deben a la falta de valores. También al relajamiento cultural que sufre la sociedad, especialmente la familia. Está orgulloso de los hijos que crio y que sus educadores destaquen las buenas maneras que tienen.

Existen muchos Roger en Panamá. Lamentablemente son pocos los medios de comunicación que destaquen su honradez. Con ellos se cumple aquella frase cínica “pobres pero honrados”. Está de acuerdo con que haya castigo para los corruptos, no importa si son de arriba o de abajo. Él nunca disfrutará de bienes materiales como lujosas casas, carros caros, viajes, dinero a montones. Pero vive tranquilo en su humilde cuarto. Recordé a otro Roger que trabaja el cuero. A todos les dice que la mejor manera de evitar la delincuencia juvenil es poner a trabajar a los chiquillos en algo honrado.

A mi memoria llega la cara de orgullo y satisfacción de un viejo taxista. “Con este trabajo hice profesionales a cuatro hijos”, comentó. Aunque ya no vive, siempre estuvo satisfecho con su vida un personaje que vivía de programas radiales agropecuarios. “A punta de esos programas, mandé a estudiar a España a dos hijos que son médicos”, insistía.

En comunicación existe el fenómeno de la “extensión” o generalización. Por unos cuantos ejemplos los pueblos llegan a pensar que todos o la mayoría son así. Esto está sucediendo en el país desde hace semanas. No quisiera estar en el pellejo de magistrados, doctores, abogados, acusados, etc. Unas cuantas “manzanas podridas” han contaminado al resto. Hay que resaltar que la mayoría de esos personajes hacen su trabajo de manera honesta.

Por eso el castigo justo debe hacer “la diferencia”. Pareciera existir un morbo en muchas personas que gustan de lo malo, bellaquerías, etc. Veinte años después de su muerte, el peor narcotraficante colombiano Pablo Escobar es objeto de películas, telenovelas, artículos, hasta aparece su rostro impreso en franelas. Más de sesenta años después de su muerte, en la TV y cines es común ver material sobre Adolfo Hitler. Poco se habla de la gente buena...