Seguridad, otra vez
No quiero pecar de insistente en esta materia que requiere un análisis obligante. En cada lugar que visito, el problema de seguridad ciudadana marca de primero en la lista. Recalco, seguridad ciudadana. Hay otros, igualmente importantes, pero la gente siente que no está protegida y hoy el nivel de información e imágenes que vuelan en las redes sociales no contribuye a la calma.
Cierto es que la seguridad hay que verla integralmente; es decir, poner a todos los actores en sintonía con una política definida. Ya no veo al Gobierno definiendo nada, sino improvisando. Se les fue el tiempo útil. Pero la seguridad ciudadana se ve afectada por factores que no se remedian con propaganda ni inventos tipo FTC Águila. Lo dije en su momento. No creen expectativas que no se van a cumplir y que el costo de regreso va a ser lo que ya estamos viendo. Hacer del esfuerzo policial un mal chiste no contribuye y desmoraliza.
La PN sabe que tiene en mi persona a un aliado. Comprendo el esfuerzo y el sacrificio y me preocupa mucho la baja moral que enfrentan. ¿Por qué lo digo? Porque me lo dicen a donde voy. Se me acercan a conversar en cualquier punto del país y me lo manifiestan. Se sienten al frente de una misión imposible porque no ven respaldo sincero ni capacidad en el mando. No podemos decir que están sin equipo, quizás pueden necesitar más, pero se les ve equipados. Tampoco que no ganan buen salario porque sí lo tienen. Es otra cosa. Les afecta, a mi juicio, la utilización politiquera para atacar el problema y ellos no son artistas de comerciales ni un "reality show". Exponen sus vidas a diario y enfrentan la delincuencia aun a costa de sus vidas, como dice su himno. El pie de fuerza siempre falta y los policías se capacitan, no se nombran de a dedo y la rotación entre los que entran, salen y se van por diversas razones es alta. Por ello, ubicarlos con estrategia es de gran importancia en todo el país, a sabiendas que nunca serán suficientes. Es la realidad.
El crimen ha variado mucho en tres años. Se diferencia en sus motivaciones y cambia en función del sector geográfico del país. He visto cifras oficiales y no están mal, pero de allí a eliminar la realidad del temor ciudadano es otra cosa. La estadística es una brújula, marca el camino, pero no es instrumento de convencimiento, sino una herramienta de trabajo. Lo entendí a golpes de realidad y por eso lo digo hoy. El crimen organizado -pandillas y narcos- controla territorios importantes. Colón es un buen ejemplo. Allí la autoridad se disminuye y la retan a diario imponiendo su actuación violenta. También la infiltran, cosa que afecta y mucho. La delincuencia común, el ladrón de abarroterías, lo atribuyo más al problema del desempleo que se ve en aumento. Un pandillero maneja dinero, ese ladronzuelo roba para subsistir, sin embargo, ambos atemorizan sin distingo.
La migración es otro factor. La crisis de Venezuela nos trae secuelas violentas. Ya el venezolano de bien, que no está luchando allá en las calles, se fue hace rato. Pero viene el lumpen de esa sociedad y causa daño e intimida. Hay por todos lados. La visa controlada sería una solución rápida, pero falta ver si hay la voluntad dado el abierto apoyo de Varela a Maduro. Hay otras migraciones como la colombiana, que la creó más en el narcotráfico y delitos conexos y que combatirla encaja en una estrategia de mayor alcance y con un intercambio de inteligencia efectivo, cosa que también se ha deteriorado, y me lo dicen también de buenas fuentes allá. El posconflicto en Colombia debe ser entendido e incluido en nuestra estrategia-país. Las Farc y "bacrims "seguirán dando problemas y la producción de cocaína se ha incrementado y esa droga en gran parte pasa por nuestro país, con entera independencia de nuestros pareceres. Complejo problema que ubica la relación con Colombia en un sitio de privilegio y se percibe deterioro.
Hay que rescatar la moral de la fuerza pública. Debe disminuirse la división de grupos y combatir la infiltración en sus filas. La cúpula la perciben distante y aferrada a intereses subalternos. El presidente debe dejarlos hacer lo que saben hacer y orientar si es del caso, pero no volverse el estratega que no es. A uno le sirve el sentido común para dirigir, pero la minucia, los detalles, los deben producir ellos que son los profesionales. Yo aprendía mucho cuando reunía al directorio o asistía a los informes de gestión. Se analizaba el país integralmente. Se tomaban decisiones que se medían en el tiempo y si había que variar, se hacía, pero era enemigo de andar diciendo lo que se iba a hacer o publicitando la acción porque la PN y demás estamentos deben trabajar con discreción para tener resultados.
Estas son algunas ideas que lanzo para la reflexión. No lo hago con afán de ataque político, sino con la responsabilidad de aportar en un tema que conozco y que cambia a diario. Hay muchas otras aristas que cubrir. La prevención es otro aspecto que abordaré en otra ocasión, y es importante. La seguridad ciudadana está muy afectada y hay que rescatar la confianza y parar el miedo a vivir secuestrados de los delincuentes. Eso hay que hacerlo sin descanso con una visón clara del problema, sobretodo en las áreas más rojas que la estadística informa.
Vienen tiempos delicados y no se percibe ni rumbo ni estrategia para la seguridad ciudadana ni la nacional, que es otro asunto.