Opinión - 23/12/15 - 12:00 AM
Sencillas
Las Navidades eran más sencillas en los años cincuenta del siglo pasado. En la calle primera Parque Lefevre, desde temprano, gritos de felicidad de los niños despertaban la comunidad. Por allí podían escucharse algunos llantos porque “Santa Claus no me trajo la bicicleta que le pedí en una carta”. Ese lugar donde me crie era un verdadero “crisol de razas” como llaman ahora a Panamá. Existían por lo menos cuatro familias de origen italiano. Las más numerosas venían de las islas del Caribe y se relacionaban casi siempre con el Canal. Uno que otro interiorano y extranjero.
Los trabajos eran diversos. Desde amas de casa, maestras universitarias hasta choferes de buses, mecánicos, y un llantero convivían en armonía. Nadie “se la tiraba de mucho” con lo que tenía. Las únicas rivalidades que recuerdo sucedieron con los ruidosos componentes. Los ponían a alto volumen y se decía que era para que los vecinos se enteraran de que los tenían. Al llegar la TV sucedió algo parecido, pero nunca hubo las ahora comunes peleas y odios entre vecinos. Pero ciertos niños se daban cuenta de que “no todos eran iguales” por cuestiones del color de la piel. Hubo acciones de discriminación sin lugar a dudas. En mi caso, mi piel cobriza (acholado) causaba curiosidad.
Varios niños decían que era un negro que lavaron con “lavasol” para desteñirme. Mi hermano Orlando resaltaba por su blancura. Le llamaban “cucaracha blanca” y otros insultos. Entre los morenos también se discriminaban. Llamaban “chombo” a uno de color que consideraban inferior. Respecto a bienes, muchos vivían en casas particulares que se pagaban a plazos. En el aspecto sociológico existían clases bajas y medias. Algunos con dinero cuyos hijos no se mezclaban con nosotros. Los que vivían en cuartos de alquiler, ya sea de madera o concreto, no demostraban envidia social o la disimulaban. Ud. encontraba uno que otro auto nuevo, al lado de buses (para trabajo) o camiones de acarreo de mercancías.
Existían las visitas, algo que ahora casi no se ve en las modernas barriadas. Mamá nos llevaba a ver a sus amigas. Si había niños de nuestra edad no era problema. Antes nos advertían que “no tocáramos nada” y no “pidiéramos soda ni golosinas”. Casi no se comentaban las “debilidades” de ciertos moradores víctimas del licor, hogares sin padres, etc. A veces se compartían frutas y otros alimentos…
