Social
Como si fuera ayer, recuerdo las horribles imágenes de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. El atentado terrorista de hace quince años fue el peor en Estados Unidos. Se transmitieron en vivo los detalles del hecho en todo el mundo. Casi tres mil personas inocentes perdieron la vida. Otros miles sufrieron heridas físicas y mentales. Por meses, un sentimiento contra los árabes afectó a la principal potencia económica y militar. La reacción causó caídas de varios gobiernos árabes y la pérdida de algunos miles de sus ciudadanos. Fallaron los terroristas porque no aterrorizaron esa nación. Quince años después ha disminuido el trauma de esta barbarie…
Para algunos sociólogos existe otro tipo de terrorismo al que a veces no le damos importancia. Es el “social” que sufren numerosos pueblos por la falta de deseos, disposición y eficiencia de sus gobiernos. Aunque nos jactamos de ser Panamá el segundo país con mejor desarrollo de la región (Chile es el primero), tenemos una mala distribución de la riqueza. Los contrastes impresionaron. Existen quienes viven en casas y departamentos que cuestan un millón y miles de compatriotas no tienen viviendas higiénicas. Mientras unos se desesperan por bajar de peso, centenares de miles de panameños pasan hambre y están mal nutridos.
Hay ejecutivos con sueldos de veinte mil o más al mes. En el “lado oscuro” de nuestra sociedad, medio millón de compatriotas viven “del día a día”, rebuscándose como buhoneros o rogando por un “camarón” que les permita darle algo de comida a su familia. Otro terrorismo social es vivir sin agua potable o sufrir horas por culpa de un mal transporte público. Ya ni sirve el sacrificio de tener un auto porque las autoridades no pueden eliminar los tranques. Algunos demoran hasta tres horas. Por otro lado, niños privilegiados estudian en modernas escuelas y colegios. La mayoría sufre en sitios inadecuados, contrarios al aprendizaje. Ni hablar de la comida.
Estamos llenos de restaurantes “gourmet”, pero el pueblo sufre por una alimentación cara y de bajo nivel. La salud popular es peor que una bomba terrorista. Da dolor conocer el calvario por que atiendan a los enfermos… y de las medicinas, ni hablar. ¡Siempre faltarán! Los politiqueros mentirosos también son terroristas, aunque no estrellen aviones contra edificios o exploten bombas… pero atentan contra los sueños y las necesidades del pueblo.
