Opinión - 08/3/17 - 12:00 AM

Suelos

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Para mí educar es lo mismo que sembrar. Y el educador es un campesino. Por eso al comenzar mis clases universitarias de Periodismo mencionaba la parábola de la Biblia "El Sembrador", ante caras de asombro de algunos jóvenes. Yo sería un sembrador de conocimientos, ideas, estímulos, orientaciones, etc. Ellos, los alumnos, serían... ¡la tierra! Según esa parábola, el sembrador arrojaba las semillas en diferentes suelos. Si era pedregoso, no había cosecha. En el regular, lo que saldría serían pocos frutos. Pero aquellas semillas que caían en suelo fértil (aunque fuera poco) darían frutos hermosos de buena calidad.

Hacía silencio unos segundos. Miraba a los alumnos y les preguntaba con seriedad ¿qué suelo será usted? Luego señalaba que eso se vería al final del curso... Durante 43 años enseñé en la Universidad de Panamá y confirmé mi pensamiento. Varias veces en reuniones de técnicos indiqué que de nada valdrían excelentes planes de estudios, montones de títulos del educador y aulas en buen estado con tecnología para enseñanza... ¡si los alumnos no respondían! Algunos pensaban que era "tiradera mía"...

Cada vez que se habla de los problemas educativos vienen a mi mente esas ideas basadas en la vida. Recuerdo que cuando mi papá fue maestro en el pequeño poblado de Sampués, Colombia, no había luz eléctrica. ¡Se estudiaba con velas! Ahora ni con las modernas luces LED hay alumnos que mejoran sus conocimientos. Si quisiera irme a la historia, diría que los filósofos de la antigua Grecia ¡enseñaban caminando! Sus enseñanzas han durado por siglos... Ahora hacen un escándalo porque no hay aire acondicionado en los salones. En los años 60 en la "U" eso no se conocía.

Los buenos alumnos seguíamos hacia "La Luz" porque deseábamos capacitarnos profesionalmente. Claro que deben haber condiciones mínimas de seguridad y comodidad en los salones. No les echemos la culpa a "las sábanas" porque los fracasos escolares tienen causas más profundas. Aunque digan que los educadores se preocupan más por los salarios que la calidad de la enseñanza, creo que eso no es justo. Mi madre también fue maestra, y ella me enseñó que educar era más que una profesión. Era vocación, entrega, sacrificio, etc. Muchos educadores panameños así son, en todos los niveles.

Lamentable es que todos los años miles de estudiantes de primaria y secundaria (al estilo antiguo) fracasen. Estoy seguro de que en la mayoría de los casos los fracasos son responsabilidad del estudiante. Después tenemos que "dorar la píldora" con cursos de rehabilitación. Cuando era niño, a quien fracasaba ¡le daban cantidad de correazos! (¿?)

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