Opinión - 09/12/16 - 12:00 AM

Sufran con Cristo

Por: Carlos Singares e Itzel de Singares Siervos del Señor -

La Palabra dice que no te amo si no te digo la verdad. Cristo lo hizo así con todos y lo odiaron los fariseos y sumos sacerdotes que en cumplimiento de la ley lo asesinaron siendo inocente. Cristo dijo la verdad, y Él sabía que iba a morir por la verdad.

Los padecimientos y la enemistad del mundo de Cristo son las consecuencias de predicar la Verdad. A sus Santos nos toca hacer lo mismo y sufrir la injuria de los pecadores que nos acusan como acusaron a Cristo. Nuestro pecado ante los falsos cristianos (nuevos fariseos) es ser fieles a la palabra de Dios.

Predicamos la Verdad de Cristo, que es la única Iglesia verdadera; pero los falsos nos han dicho que los estamos irrespetando y juzgando. "Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios nos oye; el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error", 1 Juan 4:6.

Dios da castigo o misericordia y siempre hace justicia nunca es injusto. Todos los que adoran otros dioses, que idolatran el dinero, al falso apóstol y blasfeman diciendo que la Iglesia es un edificio hecho por voluntad humana; que guardan costumbres y tradiciones humanas como Navidad, Día de la Madre etc. están bajo maldición de la ley. "Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres", Hechos 5:29. Pero los fariseos no quieren que se predique la Verdad porque se les acaba el negocio de la falsa religión evangélica y católica. "...y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad… salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo", Hechos 5:40-42.

El mandato de Dios para nosotros: ¡Prediquen el Evangelio y padezcan los sufrimientos de Cristo! Así lo hacemos, Señor. Amén.