Opinión - 15/1/16 - 12:00 AM
Temeroso
Quedé frío cuando el joven indicó que se sentía más seguro en San Miguelito... ¡que en Aguadulce! Explicó que desde hace por lo menos seis años ese sitio de su infancia ha cambiado para peor. Antes esperaba con ansias vacaciones y fines de semana para viajar allá. Encontraba tranquilidad, armonía comunitaria, seguridad de tal modo que se podía vivir con las puertas abiertas. Ahora la delincuencia ha desmejorado la vida de esa comunidad.
Aparte de los robos y asaltos, existen "territorios" manejados por maleantes. Por eso hay que tener cuidado si Ud. quiere visitar a un amigo que vive en otro barrio. Lo pueden confundir con un "enemigo" y hacerle daño. Dijo que pasada las seis de la tarde las familias cierran sus casas por estar temerosos de sufrir daños de los maleantes, que pueden ser del patio y de otros sitios.
Frente a mi tenía un ejemplo sociológico de la destrucción de la vida pacífica que existía en muchos poblados del interior. La maleantería ha ido destruyendo el hermoso ambiente de comunidad que había en nuestras campiñas. Es lamentable que muchos de esos maleantes sean jóvenes sin valores ni respeto. ¿Qué futuro habrá allí? Si no se toman las acciones adecuadas perderemos el interior como ya hemos perdido gran parte de nuestras ciudades.
Comprendo que la situación es difícil de controlar. El "dinero fácil" puede comprar conciencias de personas débiles. La presencia del narcotráfico extranjero ha tomado a Panamá como paso para su mercancía maldita. Hay tanto dinero que no es fácil de controlar. No creo que todo un poblado como Aguadulce no pueda evitar la destrucción de su antigua manera de ser. Dijo el señor que es lamentable encontrar vecinos enemigos, llenos de odios, algo que no sucedía antes.
A veces las autoridades solamente prestan atención a los grandes delitos. Ese dejar hacer en el interior ha sorprendido a muchos. Si Ud. conversa con personas de poblados como Volcán que antes eran un remanso de paz, le contarán historias de maleantería que ojalá no destruyan la convivencia en ese y otros sitios. Que no se confíen las autoridades con la idea antigua que en el interior todo era bueno. No crean que solamente las ciudades de Panamá y Colón son cuevas de maleantes. En algunas ocasiones los maleantes de esas ciudades han trasladado sus bellaquerías a nuestro interior, pensando que allá no serán detenidos.
