Tiempo de esperar
E n la vida todo está sujeto a una espera. Esperamos por un empleo, por una cita médica, por una cirugía, por una transacción bancaria, por un
E n la vida todo está sujeto a una espera. Esperamos por un empleo, por una cita médica, por una cirugía, por una transacción bancaria, por un hijo, por una vivienda, para cobrar la quincena trabajada, en fin, pero, ¿ cómo esperamos? ¿Tenemos la suficiente tolerancia para asumir este tiempo de espera? De comprender que nuestros deseos no siempre se cumplen cuando así lo queremos, sino cuando se cumple el tiempo de Dios, pues nuestro Creador tiene para cada uno de sus hijos, el tiempo perfecto.
Dada la época que transita, vivimos el tiempo de Adviento que nos trae la buena nueva de la salvación. Es un tiempo de gracia que nos muestra a Jesucristo como el verdadero esperado de todos los tiempos; con su llegada se formaliza la promesa, cumpliéndose así la profecía de Isaías.
Por otra parte, es importante tener presente que Dios es nuestra fortaleza y más en tiempos difíciles y que las fiestas para la cual nos preparamos para celebrar, en pocos días, reflejan obras concretas en nuestras vidas. De manera que sobre este fundamento no vale la pena exponer incluso su salud a situaciones que pueden afectarlo, incluso, pudieran ser fatales. Precisamente, en esta época, donde las vías se congestionan, el tiempo no alcanza, el comercio se ve abarrotado, las personas tienden a desesperarse y a perder la calma.
Vivamos cada instante, cada minuto, como si fuera el último día de vida. Esta es la temporada que más accidente de tránsito observamos, no hay cortesía en el manejo, todos quieren avanzar, nadie se quiere quedar atrás, ¡por Dios! Seamos más condescendientes y valoremos la vida, y hagamos que nuestra estancia en la tierra sea lo más armoniosa posible con nuestro prójimo.
Esta semana unos pacientes de cardiología estaban molestos, con justa razón, por la mora quirúrgica existente. Es un tiempo de espera, procuren vivir el tiempo que Dios los mantiene en el hospital, con calma, sosegados y con esperanza, pues se trata de lograr que su organismo se estabilice para someterse a la cirugía que le permitirá recuperar la salud.
Siento que en mi Panamá, el país de las oportunidades, nos desesperamos; no nos gusta esperar; se vive con ansiedades que en nada favorece, hagamos un alto a la vida acelerada y aprendamos a valorar el tiempo de espera, es decir, el día perfecto de Dios.
